Es decir, dos escenarios hipotéticos completamente diferentes y recogidos en el diagnóstico de la Estrategia Territorial de La Rioja presentado esta semana, aunque para el redactor del informe, Jesús Garitacelaya, no se cumplirá ninguno de los dos, sino uno intermedio. En cualquier caso, La Rioja afronta previsiblemente a medio plazo un horizonte de incremento de habitantes importante, después de que en el siglo XX la población riojana creciera únicamente en 74.000 personas (el 39%). En sólo cinco años, de 264.000 habitantes se ha pasado a superar los 300.000, con el 14% de aumento debido a la inmigración. Asimismo, en la última década la población activa riojana ha pasado de 89.000 a 123.000 personas (38% más).
Cambio estructural
El flujo inmigrante está provocando además cambios en la estructura de la región. Si bien el 95% de los nuevos riojanos se ha concentrado en las poblaciones mayores (en municipios de más de 1.000 habitantes), en sólo dos cabeceras (Logroño y Calahorra) se supera la media de población extranjera de la Comunidad. El resto son localidades de entre 1.000 y 3.000 habitantes (Pradejón, Autol, Rincón de Soto, Quel, Aldeanueva, San Vicente...), situadas sobre todo en La Rioja Baja. «Este movimiento migratorio está provocando uno de los mayores cambios territoriales de la región del último siglo, pues desplaza ligeramente el centro de gravedad regional hacia el valle bajo del Ebro (La Rioja Baja) y hacia poblaciones medianas estancadas», aclara la Estrategia Territorial.
La evolución de la población en La Rioja refleja el protagonismo del Logroño metropolitano (la capital y 14 poblaciones del entorno), junto con una pérdida de peso de La Rioja Alta y una recuperación de la subzona Baja. De hecho, esta comarca (si se suman las poblaciones limítrofes de Navarra) reúne ya hoy 160.000 personas, lo que la sitúa como la 41 concentración demográfica del país, por encima de varias capitales de provincia.
La Estrategia Territorial, cuya principal finalidad es ordenar ese previsible crecimiento demográfico, se refiere al presente como «un momento excepcional» y advierte de que el principal riesgo es «el agotamiento del modelo de desarrollo, basado en industrias muy intensivas con mano de obra y contenido tecnológico relativamente escaso».
La otra clave reside en que esta nueva población constituye una primera oleada de inmigrantes que aún está tanteando su futuro, por lo que las políticas para fijarla serán determinantes para el futuro de la región, con una tasa de envejecimiento del 20%, tres puntos por encima de la media nacional.