En estas fechas urbanizaban las empresas 'Vías' y 'José Martín' y se levantaban los proyectos de muchos arquitectos riojanos, como Marcelino Magaña, Jesús de Pablo, Eduardo Ortega, Daniel Baños, Pepe Sáenz Jubera ó Luis González Palomo. No en vano, eran más de 1.500 viviendas.
Son tan jóvenes también sus vecinos. La mayoría puede tener entre 25 y 35 años, estima el presidente de la Asociación de Vecinos de la zona, Ismael Touré. Llegaron buscando los precios más accesibles que el centro les negaba. Varias promociones fueron de protección oficial. Y las que no tenían este sello tampoco llegaban al precio del metro cuadrado de otras calles menos periféricas.
De paso, se encontraron en muchos casos con zonas comunitarias con piscina y espacios deportivos que no caben en barrios más densos. Y, por qué no, con los amplios parques que el barrio posee y que son su gran lujo. Los juegos infantiles diseminados por estos espacios verdes son testigos de la juventud de sus vecinos y de los proyectos de familia que se van consolidando en estas calles junto al Ebro.
Porque al menos un tercio de los de El Cubo vive junto al río. Y, los demás, muy cerca. Sobre el Ebro encuentran, además, el elemento que les sirve de estandarte, el Cuarto Puente, conocido más así, como Cuarto Puente, que por el nombre que oficialmente se le adjudicó y que homenajea a Sagasta.
Ideado por el ingeniero Javier Manterola, fue construido por Ferrovial y abierto a finales de abril de 2003. Entre sus notas características, además de su gran arco, se encuentra el hecho de que las pasarelas para peatones están separadas del eje central sobre el que transitan los vehículos.
La infraestructura forma parte de una gran vía rápida a la que se aspira para rodear la ciudad. Además del acceso a la carretera de Laguardia, tenía que facilitar la llegada a El Campillo, una nueva zona residencial prevista al otro lado del río cuyas viviendas no acaban de llegar. De momento, los logroñeses lo usan en masa cuando acuden a las barracas, desde hace unos años, en una parcela junto a Las Norias.
Ya no quedan grúas en El Cubo. Sus 4.000 potenciales vecinos han ido a engrosar la lista de usuarios de centros de servicios que ya tenían bastante con lo que había. En lo que a Salud se refiere, les toca el ambulatorio de Gonzalo de Berceo. «Se ha quedado pequeño, obsoleto», califica Touré.
El centro escolar de la zona, el Vicente Ochoa, ha cerrado su fase de inscripción con más peticiones que plazas, con lo que habrá niños que sean «recolocados» en otros colegios. Hay otro próximo, el Navarrete el Mudo. Los vecinos estiman que debería producirse un reparto equitativo, de forma que no se concentrara en éste buena parte del alumnado de procedencia extranjera.
Y si el barrio cuenta con un buen número de oficinas bancarias, carece, por ejemplo, de supermercado que facilite la vida diaria de los vecinos. «Para adquirir productos básicos, hay que coger el coche», cuenta Ismael Touré.
La clausura del vertedero municipal se encuentra entre sus alegrías. Hubo tiempos de frecuentes malos olores que los habitantes de este entorno y de la zona oeste achacaban a esta instalación. La semaforización y los nuevos pasos de peatones elevados también los sitúan entre sus logros. Carmen Medrano y General Urrutia tienen, a la altura de El Cubo, cuatro carriles y la velocidad de los vehículos les preocupaba. Ahora creen que se ha ralentizado.
Los días 1, 2 y 3 de septiembre celebrarán sus fiestas. Siempre un poco antes de San Mateo, también algo adelantado este año, pero ya después de vacaciones para permitir la participación vecinal. Porque los vecinos participan. «Hay -afirma Touré- vida de barrio».