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Sábado, 22 de julio de 2006
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REGIÓN
ARQUITECTURA
Dos arnedanos
Dos edificios de viviendas en Arnedo, del arquitecto Ramón Ruiz Marrodán
La arquitectura no se mueve en mundos ideales. Nada es perfecto: o no lo es el presupuesto, o no lo son las a veces abusivas normas municipales, o no lo es el cliente... o nada lo es. Los arquitectos viven en el mundo real, donde las condiciones en las que sus edificios deben nacer no las ponen ellos.
Dos arnedanos
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Así, el arquitecto Ramón Ruiz Marrodán ha terminado en los últimos tiempos dos edificios de viviendas en su ciudad natal, Arnedo. Los dos tenían obvias dificultades, y probablemente los resultados globales no son lo que el arquitecto vea en sus sueños. Pero los dos son ejemplos de utilización de los recursos disponibles para lograr un resultado un poco más allá de la media.

El edificio del Paseo de la Constitución tiene una forma endiablada: una cuña terminada en un pronunciado chaflán. Y los chaflanes no son fáciles, aunque den oportunidad para que los arquitectos utilicen la imaginación.

En este caso, Ruiz Marrodán ha optado por convertir esa «punta de flecha» en la zona noble de la vivienda, situando allí los salones; al menos, los de una de las dos viviendas que hay por planta. Al exterior, esa cualificación se remarca con madera de ipé en los antepechos de los balcones, combinado con el aluminio plateado de la carpintería metálica. Todo ello, en contraste con el ladrillo claro escogido para la fachada.

Hay más detalles compositivos interesantes. Por ejemplo, cómo el hueco de comunicaciones se asoma al exterior, mediante una sucesión vertical de pequeños huecos horizontales. Situar habitaciones ortogonales en una planta triangular tan acusada crea muchos ángulos muertos. Ruiz utiliza los baños y aseos para solventar esos problemas.

Pastillas

El otro edificio tiene problemas distintos. Aquí la forma de la fachada no supone problemas, pero sí la compañía. El edificio forma parte de una unidad de 32 pastillas realizadas por distintos promotores. Muchos edificios de las mismas dimensiones, juntitos los unos con otros, casi todos parecidos en su no demasiada ambición: parece una definición de la ciudad moderna.

En este caso, por exigencias de la promoción, la distribución de las viviendas había de ser absolutamente convencional. Así, al arquitecto le quedaba de interesante la solución de las fachadas. Y así, Ruiz Marrodán ideó un esquema casi expresionista: sobre el fondo de un ladrillo rojo oscuro, el arquitecto enmarcó los huecos en piedra artificial blanca, logrando un efecto como de «cromos» repartidos sobre las fachadas. Es también muy interesante, en este sentido, la composición del frente estrecho de la promoción.



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