Historia de unas oposiciones
La indignación de los afectados obliga, en última instancia, a repetir las pruebas
Nadie vio nada, ni oyó nada, ni supo nada. Todo eran intuiciones. «Estoy seguro de que algunos se sabían las preguntas», protestaba una afectada. El 30 de abril, víspera de puente, la Consejería de Salud publicó los resultados de las oposiciones a celadores, que se habían celebrado ocho días antes. En el listado, varios nombres sospechosos. Seis de los ocho aprobados en el turno libre mantenían vínculos de parentesco o de amistad con funcionarios de la administración o con altos cargos políticos vinculados al PP.
Al conocer esta noticia, la indignación comenzó a asomar entre las 503 personas que no consiguieron plaza. «Meses de estudio, de apuntarse a academias, de perder tiempo y dinero, para que las plazas estén otorgadas a dedo», declaró una de las opositoras. Gente de extracción humilde en su mayoría, los afectados habían visto en las oposiciones la oportunidad de conseguir un puesto de trabajo vitalicio. Pero en vez de quedarse de brazos cruzados, los opositores decidieron tomar cartas en el asunto. Los sindicatos, que utilizaron esta disputa como ariete para erosionar una consejería 'sensible', convocaron protestas, y en todas ellas reclamaron la repetición del proceso y exigieron la dimisión del consejero Pedro Soto, al que culpaban del fraude.
En esos días de movilizaciones, una nueva figura apareció en el tablero sanitario. Se trataba de Pelayo Rodeles, responsable del almacén del Hospital de La Rioja y a la vez, mano derecha de Pedro Soto en la Consejería. Los sindicatos le llamaban el 'viceconsejero' por la gran atribución de funciones que había coleccionado desde que fue nombrado.
En aquellas jornadas, los opositores presentaron un recurso administrativo, se concentraron ante el San Millán y ante la Consejería e incluso acudieron a un Pleno del Parlamento para increpar al presidente Sanz y pedirle que obligara a repetir las pruebas.
La polémica dio un giro muy importante el 14 de junio. Ese día, Sanz decidió destituir a Pedro Soto. El presidente alegó que el ex consejero había tenido que tomar «decisiones impopulares» y estaba «desgastado», y sin duda, uno de los asuntos que lo había desgastado eran las oposiciones a celadores. El sustituto de Soto, José Ignacio Nieto, había sido el responsable de Recursos Humanos en la Consejería. Él había convocado las pruebas y también conocía de primera mano su desarrollo. Nieto, sin embargo, mostró desde el principio una mayor predisposición a escuchar a los sindicatos. Dijo también que esperaría a que el fiscal concluyera la investigación y el pasado lunes se reunió con los afectados, aunque en ningún momento les prometió que el proceso se repetiría. Ayer, con el escrito de Juan Calparsoro en la mano, la decisión estaba tomada. Dentro de unos meses, habrá nuevas oposiciones.