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Lunes, 17 de julio de 2006
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REGIÓN
MAL PASO
Yo quiero ser alcalde
A poder ser de un pueblo para hacer lo que me venga en gana y para que mis vecinos me reelijan en la siguiente cita electoral. Porque yo, propietario de unos terrenos que hasta que no fui elegido no valían un pimiento, voy a revitalizar a 'planazo' limpio nuestro decadente municipio con segundas residencias, y con niños y todo. Todo por mis ciudadanos, no vaya a ser que sea la localidad vecina la que se desarrolle, y mi pueblo, al que amo por encima de todo, se quede fuera de la pomada.
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Bajo esta premisa, las revisiones de los planes generales municipales, con el horizonte de poco más de un año para las próximas elecciones locales, se han convertido en una lotería que siempre les toca a los mismos. A los que compran montes y terrenos rústicos y que al cabo de dos años o tres son recalificados (Lardero city) y últimamente a los propios alcaldes. Ediles constructores y promotores, como el de Santurde (que compra un terreno dotacional y luego lo recalifica) o simplemente espabilados, como el de Manjarrés. Uno pensaba que el de alcalde era un cargo respetable, vocacional, sobre todo en los municipios pequeños por aquello de que apenas hay compensaciones económicas. Pero todo ha cambiado. Hoy, el que no corre vuela. Al alcalde de Lardero, conocido inmobiliario, lo llevan eligiendo repetidamente desde años. En Alberite, otro constructor y promotor ocupa la Alcaldía desde las pasadas elecciones y serán sus vecinos los que le juzguen en el 2007.

Me decía un amigo, que algo sabe de esto, que Marbella no es un municipio de la costa del Sol. Marbella es una cultura; es España, y, de hecho, proponía que, dadas las dificultades para encontrar un nombre a este nuestro querido país entre tanta pluralidad nacional y cultural, le pongan precisamente ése: Marbella, desde los Pirineos hasta África, caldo de cultivo de ricos listos a golpes de plano y de tontos confiados que les votamos, pero no les botamos.



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