Cuenta la historia que hace mucho, pero que mucho tiempo (aproximadamente 628 años después de la fundación de Roma, aunque la primera referencia documental corresponde al año 1375), los vecinos del valle navarro del Roncal y los franceses de la zona de Baretous mantenían una disputa por las aguas manantiales. Otra teoría de la pelea por esta zona estratégica, que pone frontera entre España y Francia en los Pirineos, la atribuye a la invasión címbrica, pueblos afincados en lo que hoy es el norte de Alemania, quienes atravesaron los pirineos por el valle del Roncal destruyendo y quemando los pueblos, ayudados por los franceses.
El tema es que una vez marchados los cimbrios, los roncaleses les declararon la guerra a los baretoneses (tierra de los tres mosqueteros). Una sanguinaria lucha que derivó en el tributo de las tres vacas. En concreto, y desde tiempos inmemoriales, todos los 13 de julio se reúnen en la frontera pirenaica, en torno al mojón 262, los representantes de ambas vertientes. Los roncaleses, ataviados con su indumentaria tradicional, reciben de los vecinos de Baretous tres vacas para renovar los votos de paz y nombrar los guardas que cuidarán del puerto.
Ceremonia ancestral
Pues el jueves pasado, los 'ruteros quetzales' tomaron literalmente el pueblo para vivir en carne propia la ancestral ceremonia, y formar parte del pacto que permite que estos dos pueblos vivan en paz. En la fiesta, como siempre, no faltó la simpatía y frescura de los jóvenes, que cantaron y bailaron con franceses y navarros. Incluso, y como tributo a D'Artagnan y a sus mosqueteros, el profesor Martín Kronlund, un maestro de esgrima de 90 años de edad que participa de la aventura de Miguel de la Cuadra Salcedo desde hace varios años, impartió una clase sobre los principios básicos del florete.
Entre bailes y risas, que lógicamente contagiaron a propios y extraños, la fiesta se siguió en una carpa cercana al lugar del tributo, en donde los chavales (que nunca le dicen 'no' a un buen plato de comida) degustaron una caldereta típica del lugar, que fue amenizada por el grupo de titiriteros 'Libélula', que son capaces de romper con cualquier protocolo, incluso el de La Zarzuela, siempre desde el máximo de los respetos.
Después de esta jornada repleta de jolgorio, los jóvenes (ya han dejado de ser niños) vivieron el viernes una de las marchas más difíciles de esta edición: el ascenso a la Mesa de los Tres Reyes, el punto más alto de la Comunidad Foral de Navarra. Una ardua caminata de diez horas de duración que comenzó al amanecer y contó con el handicap de una climatología bastante adversa. Pese a ello, Alejandro e Irene no tuvieron demasiados contratiempos para realizar el trayecto junto a Diario LA RIOJA.
Durante este fin de semana, los jóvenes se adentrarán en el Camino de Santiago, desde Roncesvalles, para incursionar por la Ruta Jacobea hasta llegar a Estella el próximo martes, y prepararse para pisar el miércoles tierras riojanas, ya que los 'quetzales' visitarán y acamparán en el Monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla, y conocer los orígenes de nuestra maravillosa lengua.