Pero ésta era y seguramente volverá a ser una zona tranquila, «un poco a las afueras pero en el centro», en la que se vive muy bien y en la que la gente, que la habita desde hace décadas, se sigue conociendo, entiende Carlos Martínez, cabeza visible de la Asociación de Vecinos de Lobete.
Las primeras viviendas del actual barrio se remontarían a los años veinte. Las conocidas como «casas baratas» son ahora codiciados unifamiliares en ubicación privilegiada. El Hospital San Millán, inaugurado por Franco en 1954 pese a que atendía hacía dos años, está ahora afrontando su última etapa porque el funcionamiento del San Pedro a pleno ritmo lo jubilará. Quedará, eso sí, el Centro de Alta Resolución de Procesos Asistenciales, ahora en construcción.
Pero el grueso del barrio nacería entre los sesenta y los setenta. El plan parcial del polígono residencial de Lobete, que contenía la construcción de 5.441 viviendas, se aprobó en 1964 y en 1967 recibían el visto bueno los proyectos de pavimentación, saneamiento, agua y electricidad. Quedó reserva de 23.000 metros cuadrados para el Instituto Hermanos D´Elhuyar, el segundo levantado en la ciudad después del Sagasta y abierto desde octubre de 1971.
Y si la avenida que da nombre al barrio se inicia en la actual estación de ferrocarril, estrenada en 1958, Jorge Vigón, cuyo tramo final también se incluye en esta zona, discurre por los terrenos por los que pasó la vía férrea hasta su traslado.
La población, mayor
La solución del solar conocido como Mercado de los Pimientos dotó no hace tanto al barrio de los últimos lotes de viviendas a estrenar y ya en la zona no hay tantos pisos a disposición de quien quiera trasladarse a la misma. «El piso que sale se vende sin cartel», cuenta Jesús, otro vecino del barrio. Basta con el boca a boca para completar las operaciones. En los buzones, las inmobiliarias dejan su número a los vecinos que puedan estar interesados en desprenderse de su casa.
Pero, en general, «los jóvenes se están yendo a los barrios de nueva creación, a Cascajos, a El Cubo ». Así, la población, que en su momento fue de funcionarios, de profesionales liberales, de empresarios se está haciendo mayor.
En los últimos tiempos, el barrio ha incorporado, por iniciativa municipal, dos grandes aparcamientos subterráneos -Donantes de Sangre y Las Chiribitas- mientras que tiene en obras el tercero. Su polideportivo, inaugurado en 1984, ya es historia, lo mismo que el Parque Infantil de Tráfico. En 10.600 metros cuadrados está surgiendo el Centro Deportivo Municipal de Lobete. Ambicioso y moderno, está previsto que disponga de polideportivo, piscinas y balneario urbano y de pista de hielo.
El futuro parece halagüeño, pero hay quien duda de que todos los que son vayan a llegar a verlo. «Han terminado por arruinar a los comerciantes que quedaban en Jorge Vigón. Han perdido el 60 por ciento de los clientes. Daban créditos que hay que devolver. Hay gente que se ha metido en reformas y no puede con dos préstamos», señala Carlos Martínez.