Pereiro, de 28 años, un ex corredor del Phonak que el año pasado conquistó Pau, fue segundo tras Voigt después de soportar bajo la canícula una escapada de 210 kilómetros, consentida por un pelotón que decidió tomarse la jornada de descanso. El gallego enjugó los 28.50 que le aventajaba el líder Floyd Landis, que llegó en el pelotón a 29.59, sin el menor temor por el liderato de un ex compañero.
La felicidad no la pudo rematar con el triunfo de etapa porque en el esprint le superó Voigt, un enorme alemán de 1,92 metros que fue superior a la hora de definir. Y lo hizo con un tiempo de 5h.24.36, firmando así su segunda victoria en el Tour, después de la alcanzada en 2001 en Serran.
Pereiro se convirtió en el primer español que se coloca líder desde 2002, cuando Igor González de Galdeano se puso la prenda amarilla durante siete días. Aventaja en la general en 1.29 a Landis, en 1.37 al francés Dessel y en 2.30 al ruso Menchov.
La jornada fue dura para cinco corredores y de trámite y reposo para el resto. En el kilómetro 17 se despidieron hasta la meta el quinteto formado por Pereiro, Voigt, Sylvain Chavanel, Manuel Quinziato y Andrei Grivko.
En el instante que salieron disparados por la tórrida carretera camino de Montelimar, el pelotón hizo el oportuno análisis para comprobar si había algún peligro para alguien. Pereiro, el mejor clasificado, estaba a casi media hora en la general. Por lo tanto, fiesta y pacto de no agresión.
Fue un alivio para el Phonak ceder el amarillo a Pereiro, con muchos amigos en el equipo suizo, y desprenderse así de la responsabilidad que conlleva ese cargo. Fue también un premio para el gallego, décimo el año pasado.
A 50 kilómetros de meta el proyecto cogía color con un retraso del grupo en torno a los 27 minutos. Rara vez una etapa entre Pirineos y los Alpes llega al esprint y estaba claro que no lo habría.
Inicio de las hostilidades
La cota de Villeneuve de Berg (4ª), a 25 kms de meta, fue el escenario de las primeras escaramuzas entre los escapados, las que acabaron con la resistencia de Grivko. Quedaban cuatro en la carretera de fuego para vivir la fiesta en Montelimar, famosa por el «nougat», el turrón de la zona, célebre en toda Francia y dulce como una victoria en el Tour, por lo menos.
Chavanel arrancó a 15 kilómetros de meta y le siguieron todos. Otro fuego de artificio para comprobar las fuerzas de los compañeros de aventura. La armonía dejaba paso a la estrategia personal. Voigt, un enorme rodador, fue el siguiente en atacar, a cinco kilómetros de la llegada. Se llevó a Pereiro y clavó a Chavanel y Quinziato, que tiraron la toalla.
El desenlace quedó en un mano a mano entre el alemán y el español, que luchaba segundo a segundo ante la posibilidad de vestirse de amarillo. En la recta de llegada se produjeron las miradas habituales, incluso algún comentario. «Arrancas tú, arranco yo». Pues lo hizo el alemán para ganar la etapa, pero Pereiro compensó la tensa espera con un jersey amarillo con sabor muy dulce.