Ante todo le saludo con respeto, aun sabiendo que usted no lo hace con mi amigo y compañero sacerdote. No lo ha hecho en esta carta abierta y no lo hizo en el mensaje soez y blasfemo que le envió a su teléfono móvil, esa tarde/noche y del que no quiero hacer mención, porque lo que decía no hay por dónde cogerlo.
Me resulta por lo menos escandalosa su forma de condenar, que sea tan injusto y además mienta:
La forma es escandalosa porque las palabras utilizadas en esta carta y en el mensaje telefónico son realmente no aceptables para una persona, mucho menos para un profesor, y me-nos aún para quien se llama creyente, porque créame usted sólo es creyente de su propio ego.
Me resulta también escandalosa la injusticia que ha cometido contra su párroco, porque él, me consta, celebró la eucaristía con toda reverencia y porque además de todo ello fue a título personal al cementerio y, según sus propias palabras, en el cementerio bendijo la urna de las cenizas por última vez, pese a que la liturgia señala lo contrario. No son palabras dichas al azar, sino que el mismo párroco y los testimonios de los fieles del pueblo avalan lo que acabo de decir.
Por último, de nuevo me produce escándalo, sobre todo las mentiras vertidas en este artículo. Entre otras: una, la que ya he comentado en el párrafo anterior. La segunda, la supuesta consulta a la delegación de liturgia del obispado. Créame, o el delegado es un necio que no ha leído el ritual o bien, como yo creo, usted se ha sacado un conejo de la chistera y no ha consultado con nadie.
Así se expresa el Ritual de Exequias en el capitulo VII en la introducción, en la paginas 1.106/1.107. Se las indico por si quiere usted comprobarlo, pero sino fuera así a continuación le copio el párrafo más interesante:
«La única diferencia ritual, exigida por la misma veracidad del rito, consiste en que, en el caso de cremación, las exequias no pueden celebrarse en su forma típica, pues este rito incluye la procesión al cementerio y la bendición del sepulcro. Por tanto, el rito del último adiós debe celebrarse siempre en la misma iglesia al final de la misa o de la Liturgia de la palabra, tal como se describe en los Libros II y III de este Ritual, omitiendo siempre la procesión al cementerio o al lugar de la cremación».
Perdóneme, pero usted miente en esto anterior y en otras cosas de esa carta; es injusto, soez en su lenguaje y un oportunista que sin saber habla y se permite el lujo de criticar por el hecho de hacerlo. Usted se ha fijado en la paja (en el ojo) de su párroco y no se ha dado cuenta de la viga enorme que lleva en su ojo. Pídale perdón a su párroco, agradézcale que de forma personal y privada fuera al cementerio y bendijera las cenizas de su madre, cuando no debió hacerlo litúrgicamente.
José Manuel Calvo Bea
Hermano en el sacerdocio