Lo han hecho en el Congreso y el Senado, nuestros diputados y senadores, con prisa. Única y exclusivamente para no quedarse en el vagón de cola de Europa (no me sean mal pensados), justo antes de irse de vacaciones, han aprobado una «pequeña» subida de sueldo en forma de plan de pensiones.
Lo que se han 'autoaprobado' son naderías, ¿eh?, como las de la máquina del café. Un pago (6.000 eurillos) al final de legislatura. Que el parlamentario deja su actividad: un mes de salario por año en el cargo. Que tiene más de 55 años y no ejerce 'actividad profesional permanente' tras abandonar el escaño: se le ayuda a pagar la Seguridad Social. Un pico, 10.000 eurillos al año. La repanocha es lo que ocurre con los que al dejar la Cámara no tienen oficio ni beneficio: 21.000 euritos del ala al año hasta que se jubilen.
Se lo juro, huyo de los tópicos sobre el político porque no los comparto. No creo que todos sean iguales, que chupen del bote, que hayan acabado ahí porque no saben hacer la 'o' con un canuto, que el poder corrompa por sistema. No creo que trabajen menos que nadie. Dejando a un lado los casos graves de 'ambición aguda', muchos se dejan el pellejo en el cargo.
El caso es que llueve sobre mojado. Primero los del Sepla, con sus dos millones y medio al mes y en huelga, y después éstos, a la chita callando. Y a la vez, el secretario de Estado de la Seguridad Social advirtiendo que los beneficiarios de la Seguridad Social tendrán que aportar más y durante más tiempo si queremos seguir teniendo pensiones. No nos queda otra, despedida al estilo 'Congreso y Senado'. En la máquina de café. A las doce.