Rememoré esta leyenda universal y salvavidas el lunes a la hora de la cena. Mejor, de la 'no cena', porque con lo sucedido mi apetito mudó en mala leche. El «En caso de...» saltó enseguida a primera línea del 'coco' con una leve variación: «En caso de accidente, no llamen al 112».
A saber. Aproximadamente a las 21.15 horas, una mujer sufre un ataque de epilepsia o similar en una cafetería de la calle Vara de Rey. Mientras su pareja comienza a atenderla, una llamada al 112 pone en conocimiento del SOS Rioja el suceso y reclama una ambulancia. La telefonista del que debería ser servicio de urgencias muestra de inmediato un solícito interés... por conocer el número de teléfono desde el que se solicita el servicio. (Como si la tecnología, Ernesto, no permitiese identificar en la pantalla de la centralita el número llamante).
Con la mujer espasmótica en el suelo, pasan los primeros minutos en aras del buen fin de protocolo de recepción de llamadas del SOS Rioja. (Ya tiene mi teléfono, señorita... pues avíe). Luegos pasan más minutos más, y otros más. Allí no se ven, ni de lejos, las luces rotatorias de la ambulancia ni al que las inventó. La mujer, a todo esto, sigue tendida y convulsa, aunque el ataque parece remitir, a Dios gracias, que no al SOS Rioja.
El móvil que llamó al SOS chiva la hora. Han pasado ya doce minutos y estamos en el mismo centro de Logroño. A los trece llega una mujer de bata blanca. Sin ambulancia. Trece minutos después. Sólo.