La imagen proyectada en la pared de un salón de Riojafórum del que fuera concejal de Ermua presidió ayer la entrega de los galardones con los que la Fundación Miguel Ángel Blanco ha querido reconocer este año la labor de los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado y del Ejército, quienes han sufrido en sus propias carnes la violencia terrorista.
En el noveno aniversario del asesinato de su hermano, María del Mar recordó cómo la sociedad salió entonces a la calle «como nunca, unidos contra ETA y toda la sociedad defendió que era impensable negociar con la banda terrorista; algo que entendió la propia familia». La joven, que apeló a la necesidad de resucitar el 'espíritu de Ermua', advirtió de que los demócratas «están divididos en cómo encarar la lucha contra ETA, el mundo de ETA envalentonado y marcando el ritmo del proceso y el socialismo vasco dándoles carta de naturaleza como interlocutores políticos». «Sólo la sospecha de que puede haber contraprestaciones políticas por el cese del terrorismo ya es motivo de preocupación y de indignación», concluyó.
No bajar la guardia
Reiteró que la Fundación que preside «se siente deudora de la revuelta social que se produjo por el asesinato de mi hermano y está empeñada en recordar la memoria de todas las víctimas del terrorismo, una memoria basada en la justicia y en la verdad».
A continuación, María del Mar Blanco destacó la profesionalidad, resistencia, esfuerzo y tesón de los 407 miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y 104 militares víctimas del terrorismo, y pidió «no bajar la guardia porque quedan todavía demasiados terroristas sueltos, mucha trama terrorista por investigar, muchas víctimas a las que reparar».
Tras las palabras de la presidenta de la Fundación y la proyección de un vídeo, que provocó no pocas lágrimas, se procedió a la entrega de los premios a los galardonados, una estatuilla en bronce del escultor vasco Agustín Ibarrola. En representación del Ejército y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado subieron al escenario el general de división, Ángel Matallanes; el coronel jefe de la X Zona de la Guardia Civil, Antonio Velilla; y el comisario principal Manuel Álvarez, jefe superior de Policía de La Rioja.
En el emocionado acto en el Palacio de Congresos y Exposiciones, Riojafórum, se dieron cita más de dos centenares de personas, entre otros, los padres de Miguel Ángel Blanco, visiblemente emocionados, la viuda de Fernando Múgica y otras víctimas del terrorismo del País Vasco y de La Rioja. Tras la entrega de los galardones tomó la palabra también el el presidente del Gobierno de La Rioja, Pedro Sanz, quien acudió acompañado por varios miembros de su Ejecutivo. También acudió al auditorio logroñés el delegado del Gobierno en La Rioja, José Antonio Ulecia; el presidente del Parlamento de La Rioja, José Ignacio Ceniceros, y otras autoridades. No acudió, sin embargo, ninguna autoridad nacional.
La ceremonia la había abierto Fernando Lázaro, periodista riojano del diario 'El Mundo', que glosó la figura del edil asesinado y recordó que su muerte «fue uno de los momentos más duros que he vivido, aquel día hubo muchas lágrimas en la redacción, algo que en mis diecisiete años de profesional no había visto nunca».