Hay personas a las que les gusta vivir tierra adentro, con vistas a más tierra. Otros prefieren la montaña y, según tengo entendido, los hay que se suben a todo lo alto, pero somos muchos más los amantes del mar. ¿Cómo impedir las aglomeraciones? La cercanía de la orilla puede ponernos en un estado de flotamiento, muy cercano a la hipnosis, y cuando se llevan varias horas contemplando las olas dimisionarias percibe uno su inexorable temporalidad y se da cuenta de su insignificancia. Leyendo las coplas de Jorge Manrique a la muerte de su papá y mirando el mar se sabe casi todo lo que hace falta saber.
Va a ser difícil detener el éxodo. Todo el mundo ha descubierto el Mediterráneo y no importa que haya demasiado tumulto de bañistas y muy pocas depuradoras de las aguas residuales. A los litorales se les identifica con las vacaciones. Ahora han llegado al mío las medusas. Son como curvos trocitos de armadura o como goterones del sudor de Neptuno. Agua compacta y navegante. No podrán picarme. Nunca pican a los que miran el mar desde una terraza.