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Domingo, 2 de julio de 2006
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Hitchcock en Castañares
El Grupo Río Oja se ve obligado a cubrir con redes sus piscifactorías trucheras por el ataque de una colonia de garzas que en el presente año ha causado cuantiosos daños
Como en la mítica película del mago del suspense, Alfred Hitchcock, el ataque de los pájaros se ha convertido en la pesadilla de los responsables de las piscifactorías que el Grupo Río Oja posee en Castañares y Bobadilla. Los continuos ataques de una apreciable colonia de garzas contra la población truchera ha obligado a la empresa a cubrir las pilas con unas redes de protección para impedir los daños millonarios causados por estas aves carnívoras. «Ahora nos tememos que esta población de garzas, -entre 300 y 400 ejemplares- se desplacen a la piscifactoría de Bobadilla y nos ataquen de nuevo. Es una locura», informaron a Diario LA RIOJA responsables de Río Oja.
Hitchcock en Castañares
Imagen de una garza muerta que atravesó la malla de protección instalada por la empresa. / GASCO
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Hasta la colocación de las redes, las garzas se desplazaban hasta las pilas de las piscifactorías de Castañares, se posaban en las orillas y capturaban las truchas. «Estas aves llegan a comerse un kilo de truchas en cada ataque, más si son pequeñas, y cuando están llenas las devuelven. Los daños diarios son elevadísimos», aseguran los responsables de la piscifactoría. Y añaden: «Las pérdidas se sitúan entre los 400 y 500 kilos de truchas diarios». con un impacto económico muy elevado, según las mismas fuentes.

«Este problema, que es muy serio, viene de años atrás -explican los responsables-, lo que ocurre ahora es que las aves se concentran, no cumplen con el ciclo migratorio, y se quedan aquí al tener comida. Causando este año daños superiores a anteriores. Casi no existen truchas ni en los ríos, que también se ven atacadas».

Los hechos fueron puestos en conocimiento de la Dirección General de Medio Ambiente, aseguran desde la piscifactoría, «pero la solución que nos dieron fue que nos buscásemos la vida, que no era problema de ellos». «Solicitamos ayuda y nos encontramos, por el contrario, con muchos impedimentos. No entendemos que algo protegido por Europa deba ser subvencionado por la empresa privada. Es un pájaro en extinción y protegido, pero sin embargo esta criado por una empresa privada.Ya que ayudamos a su cría lo que tenían que hacer es pagarnos esos peces que se están comiendo», explican.

Del cañón a las redes

Al no obtener ayuda oficial, la empresa optó por solucionar el problema por su cuenta. Al principio se utilizaron cañones en las piscifactorías para ahuyentar las garzas, pero «se acostumbraban a todo y se posaban encima». Finalmente, los responsables de las trucheras optaron por las redes, que adquirieron en Estados Unidos y por las que recibieron una pequeña ayuda al optar «por un sistema que no originase impacto medioambiental muy fuerte». Para los responsables de la piscifactoría Rioja Oja, «es una injusticia que tengamos que soportar estos costos con un problema que no es tuyo».

La producción anual de las piscifactorías del Grupo Río Oja es de unas 1.000-1.500 toneladas de truchas, de las que el 80 por ciento se destinan a la exportación. «Nos solicitan la trucha de aquí porque es de máxima calidad, reconocida nacional e internacionalmente», explica la empresa.



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