Dieciocho eran los licenciados en económicas riojanos cuando, en 1967, el Colegio Central de Economistas de Madrid autorizó la creación de una delegación en la provincia de Logroño. Cien era el número de licenciados exigido para la creación del Colegio de La Rioja. Quinientos setenta son los economistas inscritos a día de hoy. El aumento en el número de colegiados ha sido exponencial, poniendo de manifiesto la notable evolución de la vida económica riojana y social de La Rioja en estos 25 años.
En la década de los 70 comenzaba a asentarse una nueva licenciatura, la de Económicas. Todavía no estaba bien definida. Así, la facultad de Bilbao se denominaba como de 'Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales', dando cobijo y horizontes nuevos a hondas preocupaciones sociales. Pronto, bajo la anterior denominación, aparecieron diferentes especialidades como las de 'empresa', 'actuarios de seguros' o la rama 'general'. Los intendentes mercantiles habían sido asimilados a los licenciados en Económicas.
Siendo La Rioja una región pequeña en extensión y en número de habitantes y siendo la Licenciatura en Económicas una carrera universitaria relativamente joven es fácil comprender que el número de licenciados en la década de los 70 era escaso. Había que presentar una solicitud para la creación del colegio avalada por un mínimo de cien licenciados. Algunos compañeros que desempeñaban su trabajo en otras regiones españolas y que estaban colegiados en sus lugares de trabajo hicieron causa común con los riojanos avalando nuestra solicitud. Entre ellos estaban Luis Lerena, entonces director del Servicio de Estudios del Banco de Bilbao, o Pedro Pablo Bajo, recientemente fallecido, que era Técnico Comercial del Estado. Gracias a ellos y gracias a los intendentes mercantiles, homologados como licenciados, el Consejo de Colegios de Economistas «acordó el 14 de marzo de 1980 la creación del Colegio de Logroño toda vez que cuenta con el número de colegiados que establece la ley para la creación de los mismos». Por el Real Decreto de 16 de enero de 1981, a propuesta del Ministro de la Presidencia, y previa deliberación del Consejo de Ministros, se constituye el Colegio de Economistas de La Rioja, de ámbito provincial, por segregación del Colegio de Economistas de Vizcaya.
Ahora bien, dando vida a las instituciones están las personas. En este sentido quiero recordar varios nombres: José María Orbañanos Carrillo estuvo al frente de la Delegación creada en La Rioja por el Colegio Nacional de Economistas desde el año 1967, siendo elegido primer decano en 1981. Antonio Urtubia (q.e.p.d.), economista y abogado preparó amablemente los primeros estatutos del Colegio. Javier María Adarraga, presidente de la Cámara de Comercio, apoyó la creación del Colegio de forma que la primera sede del mismo tuviera cobijo en la propia Cámara.
Creo que para entender el espíritu de los promotores del Colegio de Economistas de La Rioja hay que recordar el entorno socioeconómico que vivía la sociedad riojana y que podría resumirse de la siguiente manera:
- El encarecimiento del petróleo (años 73-74 y 79-81) desencadenó en la economía española fuertes crisis, especialmente en los sectores siderúrgico, naviero, textil. Al no estar la economía riojana particularmente concernida por estos sectores, viviendo al socaire de la crisis, se fue recomponiendo en aquella década.
- Después de muchos años de intensa emigración de la población riojana hacia otras regiones y países, 1975 fue el año en que se logró un saldo equilibrado entre el número de emigrantes e inmigrantes.
- Los economistas de aquel entonces aseguraban que el ahorro generado en La Rioja se invertía en otras regiones retrasando el desarrollo esperado de la economía riojana.
- Políticamente, fue un periodo de transición: el auge del terrorismo coincidía con la debilidad de la UCD y la estabilidad debía perseguirse a toda costa. El 23-F tuvimos que cambiar el orden del día de la junta promotora del Colegio para sacar los transistores y seguir las incidencias en el Congreso de los Diputados.
- Desde el punto de vista académico existía en La Rioja Escuela de Magisterio, Escuela de Comercio y Colegio Universitario.
Estas pinceladas nos permiten comprender que estábamos en una sociedad con más esperanzas que realidades. Como personas y economistas intuíamos que aunando esfuerzos y agrupados en el Colegio podríamos influir positivamente en el bienestar de los riojanos. Si el Colegio se encargaba de ofrecer a sus colegiados una preparación técnica continuadora de la formación recibida en las aulas, la sociedad reconocería la profesionalidad y la eficacia del trabajo. Elemento básico para los negocios, para las relaciones con la administración, es la confianza que transmite la especialización de los profesionales.
Desde la perspectiva que proporciona el paso de los años, veo con satisfacción la labor desarrollada por los sucesivos decanos y juntas del Colegio, el abanico de especializaciones promovidas por los mismos y la felicitación que merecen. No me queda más por decir, sino desearles largos años de trabajo y animarles en su realización. La sociedad riojana se lo agradecerá.