Hay incompatibilidades inexorables en política, como las que debe impedir las colisiones evidentes entre la actividad pública y la privada de un mismo ciudadano. Pero muchas otras no tienen sentido y apenas consiguen expulsar de la política a los sectores sociales con más valor intelectual: ¿por qué ha de ser incompatible la cátedra y el escaño? Viene esto a cuento de la noticia de que Aznar ha tenido que dejar su puesto como Consejero de Estado -que no está remunerado- porque ha aceptado la oferta de Murdoch de convertirse en consejero de su imperio empresarial, que sí acarrea la percepción de una retribución, se supone que importante. ¿A qué obedece esta incompatibilidad? ¿Acaso Aznar no podría seguir poniendo su experiencia como ex presidente?