larioja.com
Sábado, 3 de junio de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ED. IMPRESA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES LA RIOJA

OPINIÓN
TRIBUNA
La convivencia escolar, en positivo
La convivencia es una necesidad para el hombre, pues sólo a través de ella, de la comunicación, nos hacemos humanos, pero no siempre resulta fácil. En realidad, más bien acaba siendo difícil. Difícil, determinadas veces, en la familia. Difícil en los grupos sociales, en las interrelaciones sociales. Más difícil, aún, entre las distintas religiones, o, creencias religiosas, entre los grupos étnicos, nacionales o de pensamientos nacionalistas. Difícil. ¿La escuela, el centro escolar, puede ser una excepción a esa dificultad?

Viene el párrafo anterior, la reflexión, a cuenta de lo leído durante muchos días, a Dios gracias pasados, en los medios de comunicación. Un sindicato, al parecer, había hecho una encuesta entre el profesorado de la enseñanza pública y hacían, también público, sus conclusiones sobre la encuesta, sobre las respuestas a sus preguntas. En esas conclusiones aparecían porcentajes de película. El 80% del profesorado había visto, oído, olfateado o sentido no sé qué. El 60% había observado El 40% pensaba Todo ello los medios lo volteaban a los aires de la comunicación. Y, para colmo, quedaba en esos aires, el de los medios, que sustituyen y se imponen a la realidad, que todos esos datos se referían a la escuela pública. La privada concertada quedaba al margen de esa realidad, inmaculada como nieve recién caída del cielo.

Por lo anterior FETE-UGT Rioja quiere romper, en positivo, una lanza por la convivencia escolar en la escuela pública.

Es un hecho que la convivencia escolar pasa por dificultades, que existen agresiones y acosos, violencia, aunque más bien en La Rioja el porcentaje mayor hay que calificarlo como indisciplina y, sobre todo, desmotivación académica y cultural, fuente y raíz de la posterior indisciplina y violencia. Y, es otro hecho que todo ello actúa como causa en la desmoralización del profesorado, y, lo que es peor, en el origen de determinadas enfermedades que ha llevado a la docencia a ser catalogada como una profesión de "alto riesgo".

Bien. Reconocido lo anterior y mirando hacia el futuro con los pies puestos en el presente, qué vislumbramos en FETE, y qué podemos exigir o solicitar.

Vislumbramos, hoy, aspectos positivos. Por ejemplo: la sociedad en general está tomando conciencia de la necesidad de mejorar la convivencia escolar. Hay conciencia -paso previo decían Freud y Marx para iniciar el proceso de resolución del problema-, conciencia social, conciencia mediática, conciencia administrativa, conciencia en el ámbito escolar de que la convivencia es esencial, nuclear. Una buena convivencia, aún con las tensiones dialécticas derivadas del esfuerzo y exigencia educativa, beneficia todo. Beneficia el rendimiento, la afectividad, el placer por la escuela y en la escuela. ¿Todo!

Esa conciencia se ha plasmado, hoy, en aspectos concretos como la firma de un 'Plan para la promoción y mejora de la convivencia escolar', llevada a cabo entre el Ministerio de Educación y Ciencia (MEC) y diversas organizaciones sindicales. Primera vez que se firma un acuerdo -hay que reconocer que no es la panacea, no existe panacea- a nivel estatal. También se está plasmando en la creación de «observatorios» sobre la convivencia o en la devolución al profesorado al claustro, a través de su director, de la disciplina en los centros. Estas y otras son las medidas a día de hoy. Medidas quizá no muy significativas, pues lo significativo es la concienciación social.

Por ello, y en positivo: ¿Qué podemos exigir, solicitar?

A las familias, que bien está querer -¿cómo no?- a los hijos, nietos, niños y adolescentes, pero que la sobreprotección termina en dificultades psíquicas para el desarrollo normal de la personalidad. También decirles que en la escuela pública no se da una convivencia más difícil que en la privada, a pesar de que la patronal de la concertada lo intente a base de seleccionar -de modo injusto e ilegal- al alumnado. Decirles que los maestros y profesores están valorados por la sociedad como unos profesionales de primera categoría, como a los médicos, también y sin ironía, trabajadores de la medicina pública. En síntesis: que confíen y apoyen a la Escuela, que confíen en su modus operandi, y, que en su hogar atiendan y «ordenen» la vida de sus hijos pues, después en el centro, también su comportamiento será ordenado.

A los medios, que no magnifiquen los casos, aislados a veces, de violencia, acoso o agresión. Que traten de educar, a los niños y adolescentes, sobre todo televisión, en la cultura de la convivencia, de la no violencia, de la tolerancia, de la diferencia y del respeto. La función y la responsabilidad de los medios en esta encrucijada es básica.

A las administraciones, que se vayan involucrando con medidas de diverso tipo, muy diverso tipo, para la mejora de la convivencia. Aquí en La Rioja no basta con sacarse la foto diaria, hay que trabajar. Hay que promulgar un decreto de derechos y deberes de los alumnos, y dejarse de pensar sólo en los votos de los padres. Hay que protocolizar un «plan de atención a la diversidad» y desarrollarlo. Hay que repartir las dificultades del alumnado entre los centros públicos y los privados. Hay que incrementar y mejorar la atención hacia el profesorado y hacia determinados grupos de alumnos y de centros. En síntesis, señor Pedro Sanz, hay que tener fe, fe cristiana, en la escuela pública.

¿Y a los sindicatos, centros y profesores? A los sindicatos y sindicalistas, que hagamos todas las denuncias que tengamos que hacer, encuestas, críticas, pero que no tiremos piedras sobre nuestro propio tejado de la escuela pública. Aportaciones, todas. Descripciones reales, todas, pero evitando crear alarma social.

A los centros y profesores, que nuestra profesión consiste en educar. Instruir es un subconjunto dentro del conjunto educar. Y, en esa tarea educativa, tarea realmente difícil en todos los tiempo, pero más en éstos, debemos involucrarnos todos: los centros, los equipos directivos, el profesorado. No vale con pasar por pasar, o aguantar hasta caer enfermo. Participar. Y si hay que denunciar, orientar, reprender o hasta castigar, que coparticipemos todos. Así la convivencia concreta mejorará. Pues la convivencia escolar es cosa de todos y responsabilidad de todos, no en exclusiva del profesor o maestro que en aparente soledad sufridamente imparte docencia en su clase.



Blogs Chat Foros
Vocento