Nuestro país ha hecho el ridículo en Senegal, país remoto del que no nos habíamos acordado en décadas y que ahora es objeto de nuestros desvelos tras convertirse en la base principal de partida de los 'cayucos' que llegan a Canarias: después de aceptar la repatriación de sus naturales, los senegaleses han amenazado con romper el acuerdo tras comprobar que los integrantes de la primera remesa de repatriados habían sido 'maltratados' por la policía -cuestión que habrá que investigar- y «engañados». Senegal recuerda que los inmigrantes llegados de Francia y España dependen de la legislación de esos países, pero exige «el respeto escrupuloso de las leyes internacionales establecidas al efecto y un permanente respeto a la dignidad».