Nos gusta Bebo, sobre todo, porque es auténtico. Él tocaba latin-jazz antes incluso de que existiera esta etiqueta, y hoy, casi 70 años después lo sigue haciendo de la misma manera. Su estilo es estrictamente genuino, su lenguaje puro y sencillo, y durante sus radiantes y graciosos fraseos el bueno de Bebo sólo se cita a sí mismo. Únicamente cuando el tema a interpretar es más jazzístico que afrocubano aparece la sombra de Nat King Cole (se nos está olvidando que grandísimo pianista de jazz fue este hombre).
Nos gusta Bebo porque tiene una habilidad singular para elegir el repertorio de sus conciertos. Porque rescata de las profundidades de la memoria colectiva unas deliciosas canciones que ya no toca nadie. Porque sigue defendiendo, y hace bien, que 'Tres Palabras' y 'Aquellos Ojos Verdes' son dos de los mejores temas escritos jamás en castellano. Bebo sabe rodearse de buenos escuderos y eso, claro está, también nos gusta. Sabe que Javier Colina (con quien mantiene una entrañable e inversa relación paterno-filial) es un músico único, que hace que ese invento musical del diablo llamado contrabajo parezca en sus manos el más dúctil y amoroso de los instrumentos.
Nos gusta Bebo porque mantiene los modos y las costumbres de un lugar y una época diferentes. Porque está pendiente siempre de complacer a un público al que trata de usted y al que llama «queridísimo», un público con el que conversa sin prisas entre pieza y pieza, al que se entrega más allá de lo humanamente posible para un hombre de 87 años y al que da mil veces las gracias. Gracias a usted, señor Bebo Valdés.