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Viernes, 26 de mayo de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Aproximación energética
La cumbre entre la UE y Rusia celebrada ayer en la localidad de Sachi, en el Mar Negro, ha concluido con resultados más bien modestos, a pesar de la firma de nuevos acuerdos sobre visados para Rusia y la continuación del diálogo abierto este invierno sobre el mercado de la energía. El tema principal sobre el que giró la reunión mantenida en el balneario ruso ha sido el de la seguridad energética, y el pobre balance alcanzado es el más claro síntoma de la falta de confianza de los europeos hacia un Vladimir Putin que se permitió el día de Año Nuevo cerrar la llave del gas para «castigar» a Ucrania, sin calibrar las repercusiones que eso le supondría en sus relaciones con la UE. El dirigente ruso pensó que desde su privilegiada posición de productor no tendría mayores dificultades en imponer sus precios a Kiev, pero olvidó que si Rusia tiene el monopolio del suministro, Ucrania es paso obligado del 80% de este producto hacia Europa. El resultado fue que a costa de perder gran parte de su credibilidad como proveedor fiable, Putin tuvo que firmar un acuerdo de precios con Ucrania lejos de sus objetivos iniciales, so pena de producir a sus relaciones con la UE, especialmente Alemania, un deterioro irreversible.

Para la Unión, la relación con Moscú es de gran importancia estratégica, ya que buena parte de su aprovisionamiento energético proviene de Rusia, que sigue siendo además un actor internacional de primer orden, con mucha influencia en Oriente Próximo y en China, e incluso en Irán. Bruselas ha tomado conciencia de la necesidad de diversificar el suministro y encontrar un modelo energético menos arriesgado y Putin, a su vez, se ha percatado de que incluso un régimen tan autoritario como el suyo está a expensas de una buena relación con Europa, de cuyos puntuales pagos por los hidrocarburos no puede prescindir; como demuestran las elocuentes palabras del propio Putin reconociendo que China no es una solución de recambio a los socios europeos en materia de ventas de gas. En la cumbre del Mar Negro se intentaban volver a sentar las bases de un posible entendimiento entre la UE y Rusia en materia energética que todavía tendrá que esperar para concretarse en acuerdos sustanciosos. Y es que si el apetito de Rusia por morder parte del ingente pastel de la distribución europea es una realidad, la UE no tiene menos interés en romper el blindaje del monopolio estatal de la producción energética rusa.



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