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Martes, 23 de mayo de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Biodiversidad en declive
El 'Día Internacional de la Diversidad Biológica' coincide con un año, 2006, declarado por la ONU 'Año Internacional por los Desiertos y la Desertificación'. Estas dos realidades, la pérdida de la diversidad biológica y la desertificación, están tan entrelazadas y son ya tan evidentes que el Convenio sobre la Diversidad Biológica ya anunció que el objetivo para la jornada era llamar la atención sobre la necesidad de proteger la diversidad biológica en las tierras áridas. Y no es éste un objetivo secundario por cuanto casi la mitad de la superficie de la tierra está formada por éstas y una de cada seis personas depende de estos frágiles ecosistemas para sobrevivir.

Estos ecosistemas, entre los que se encuentran nuestros conocidos paisajes mediterráneos, son vitales para la subsistencia de dos mil millones de personas pero al recibir lluvia de manera muy irregular son especialmente frágiles ante la presión de la actividad humana. De hecho, la transformación de los hábitat para diversos usos, mayoritariamente el agrícola y el sobrepastoreo, han llevado a la degradación de más del 20% de los mismos, con severos resultados en cuanto a desertificación y sequías, peligro de extinción para 2.311 especies y pérdida de más de 40.000 millones de dólares al año en producciones agrícolas. La pobreza ha forzado a los pueblos que dependen de los recursos naturales a sobreexplotar tierras marginales para obtener de ellas el sustento. Pero no siempre es la falta de recursos lo que empuja a la sobreutilización de estos ecosistemas, y basta para ello recordar la situación del litoral mediterráneo español.

La Asamblea de la ONU ha reconocido la urgencia de estas cuestiones y el Programa de Trabajo sobre la Diversidad Biológica de las Tierras Áridas y Subhúmedas ofrece una orientación sobre acciones para reducir la desertificación y preservar la diversidad biológica para el año 2010. Las acciones que se pueden emprender para reducir el impacto humano y, por tanto, reducir el índice de pérdida de diversidad biológica en las tierras áridas y subhúmedas pasarían por reducir el sobrepastoreo y los contaminantes producidos por la agricultura intensiva, disminuir la conversión para la agricultura y asentamientos urbanos de los ecosistemas de pastizales y sabanas, controlar las especies exóticas invasoras en esos ecosistemas, ayudar en la creación de instituciones que alivien la pobreza y que permitan medios de vida sostenibles y viables. Una lista difícil de aplicar pero que no admite demoras. El tiempo para invertir el proceso destructivo en curso se acaba -estamos viviendo ya la sexta extinción masiva de especies- y si no se actúa de verdad, las consecuencias pueden ser insoportables para la humanidad.



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