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Domingo, 21 de mayo de 2006
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Un despiste, un segundo y la vida se rompe
Los alumnos del IES Tomás Mingot conocen las consecuencias de los accidentes de tráfico de primera mano
Jesús se subió al coche de un amigo que acababa de tomarse un carajillo. Sólo iban a recorrer ocho kilómetros. En una curva, el conductor no reaccionó y el coche volcó. El techo del vehículo le rompió el cuello. Tenía 20 años y planes. Lleva 18 en una silla de ruedas. Y contento, porque puede mover las manos. Si la sección de la médula llega a ser completa, se queda tetrapléjico. Esta semana ha contado su caso a los alumnos del instituto Tomás Mingot de Logroño. Aún se emociona cuando lo recuerda. Y los hubo que se emocionaron con él.
Un despiste, un segundo y la vida se rompe
Los alumnos atienden a las explicaciones de Jesús Vigara. /J.R.
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FRASES LA INICIATIVA
Actividad: Del IES Tomás Mingot, en colaboración la Jefatura Provincial de Tráfico y el Centro de Minusválidos Físicos de Lardero.

Destinatarios: Alumnos de 4º de Secundaria y 2º de Bachillerato.

Objetivo: Que conozcan, de forma directa, la incidencia de la conducción irresponsable.

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Siete días en coma. Un año en el Hospital de Cruces (Vizcaya). Otro año en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo y, al final, recaló en Lardero, en el Centro de Recuperación de Minusválidos Físicos, donde estuvo tres años y conoció a la que sería su mujer.

«Cuando saquéis el carné, que tengáis suerte, sed listos», recomendaba Jesús a los alumnos del Tomás Mingot que le escuchaban, todos ellos de entre 15 y 17 años. «Hoy, quien no se pone el cinturón o el casco es que es tonto», les provocaba para pedirles, a continuación, valentía y madurez para rechazar a un conductor pasado de copas o de lo que sea. «Son cuatro palabras: No quiero ir contigo».

Y les recomendaba un taxi para regresar a casa, «aunque cueste cinco euros» -murmullos en la sala, la cuantía por este concepto debía hacérseles un mundo- o esperar aun a riesgo de llegar tarde o llamar a los padres: «Mejor una bronca que no volverlas a oir nunca más». «Un despiste te jode la vida en un segundo», insistía Jesús: «Lo primero es ponerse el cinturón y, lo segundo, obedecer a la carretera. Dice sesenta, pues a sesenta. Dice ochenta, pues a ochenta».

Junto a Jesús Vigara se sentó, ante el auditorio de alumnos, José María Zúñiga, coordinador de Educación Vial de la Jefatura Provincial de Tráfico para hablar del nuevo carné por puntos, el que entra en vigor el 1 de julio y que afecta a todos los titulares de permisos o licencias de conducción, independientemente de la clase o de cuándo se haya obtenido.

«A nadie se le da físicamente ningún punto, ni cartilla, ni carné. Todo funciona por medios informáticos», explicaba el técnico, quien se detenía en cuestiones relacionadas con ciclomotores o motocicletas por ser vehículos próximos a este grupo de edad. Los conductores con más de tres años de antigüedad tendrán doce puntos, los de menos de tres años, ocho, relataba. Y contaba que el sistema de los puntos no sustituye a la actual normativa sancionadora. Las multas, las retiradas del permiso en el caso de infracciones graves convivirán con la resta de puntos.

Las formas de recuperar estos puntos, con cursillos en centros que se habilitarán en Logroño, Haro y Calahorra cuyo precio detallaba y con exámenes previo pago de tasas también suscitaron los comentarios en voz baja de los chavales. «Unos dicen que el primer año 6.000 conductores van a perder el carné, otros que más. Ya veremos».



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