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Martes, 16 de mayo de 2006
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OPINIÓN
TRIBUNA
Liderazgo femenino al alza
En los tiempos que corren, contagiados de gran velocidad, el papel de la mujer ha cotizado al alza en la bolsa del mercado de trabajo y el mundo de los negocios. A simple vista se percibe un carisma práctico y fino olfato derivado al logro de los objetivos propuestos. Vamos que nos dan «sopas con honda», a nada que tengan propósito. Y nosotros de «gallitos», con mucho pico y deseable fortuna, en el sano envite de la competencia cotidiana. El objeto de interés centra el estudio sobre la «personalidad de la mujer directiva 2006», realizado por el Instituto del Liderazgo, que viene a confirmar diversos comportamientos que la definen en este siglo XXI.

A modo de presentación, los rasgos apuntan al papel «lógico y analítico» que las hace ser más precisas en el detalle y sensibles a la «buena organización», con planes de acción orientados a «resultados». Al igual, corrobora tal cuestión el «gurú» del management Tom Peters, en reciente visita a nuestros lares, con temas de 'Liderazgo e Innovación' y cuyo soporte evidencia «la mayor capacidad de las mujeres para ocuparse de las relaciones complejas», mientras que los hombres directivos arropan formas de «trabajar en un sistema jerárquico», en proceso de cambio.

Siendo realista, los ingredientes analizados aportan una clara apuesta, hoy, hacia la «capacidad y saber hacer» de la mujer en los campos laborales y profesionales. Desde esa perspectiva procede contemplar el ámbito psicosocial en dos líneas de observación. Una, de índole sociológica, estableciendo las bases de escenarios que el nuevo modelo representa en lo tecnológico, económico y social. La obra de Daniel Bell, 'El advenimiento de la sociedad postindustrial', aporta dentro de la complejidad hilos conductores de validez. La otra, de tipo psicológico, acompasa el desarrollo de la madurez interna hasta las últimas consecuencias, que escudriña a fondo C.Rogers, en el libro 'El proceso de convertirse en persona'.

La convergencia de intereses, otorgando carta de naturaleza a finalidades, de madurez psicosocial, es una auténtica necesidad en las actuales circunstancias y retos. La motivación sirve de ayuda en el amplio sentido. La exigencia de una adaptación cualitativa, en el marco descrito, requiere un mutuo estado de reciprocidad en cuanto a lo relativo a género (masculino/femenino), aunando esfuerzos en la misma dirección, lo que facilitará un avance paritario, en sana competencia, fortaleciendo signos culturales representativos a todos los efectos. Merece, pues, el ejercicio de buenas prácticas sin ningún menoscabo al uso.

¿Dónde situamos la realidad? La respuesta está llena de interrogantes que afectan, sobre todo, a valores culturales. El planteamiento pretende medir posibilidades y grados de avance relevantes en «saltos reales de nivel» ya que, en la mayoría de los casos, sólo se han logrado posiciones intermedias. Los indicadores actuales marcan tendencias y hacen hincapié en el alza del liderazgo femenino. El cambio cualitativo, en patrones de nuevo corte, pasa de la marcha convencional a la alta velocidad manteniendo el eje central en saber coger el tren adecuado, en el momento preciso de salida.

La suerte está echada y todos los argumentos sirven de base constructiva de la aplicación real y práctica. Unos y otros debemos hacer uso útil de nuestra madurez y talento, buscando un éxito compartido en la mejora de una sociedad abierta a la igualdad de oportunidades y libre competencia. En esa línea, los logros obtenidos ajustarán criterios valorativos a tener en cuenta como referencia. Más allá, el objetivo a cumplir es que el principio primus inter pares, pueda ser eficaz regulador de resultados finales.



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