Natalia Oraá, psicóloga de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) en el departamento de prevención, es la encargada de realizar los cursos para dejar de fumar que imparte la asociación. Se trata de un tratamiento multicomponente de ocho sesiones, que consta de dos horas por semana y que incluye tres fases: la de preparación, la de abandono, y la de prevención para las recaídas.
Normalmente se suelen formar grupos de entre 12 y 15 personas, aunque, explica Oraá, «se crean según la demanda para no dejar a la gente sin ayuda».
Desde el 1 de enero de este año, cuando entró en vigor la nueva ley que reduce los lugares en los que está permitido fumar, se ha visto un aumento en la demanda de estos cursos. La mayor parte de los asistentes son mujeres que ya han pasado la treintena y los motivos que hacen que esta gente se acerque en busca de ayuda a la asociación son razones de salud, familiares (como dar ejemplo a los hijos), económicas, sociales o el mero hecho de querer romper con la dependencia.
De las reuniones posteriores al curso se han obtenido datos interesantes como que el 65% de las personas que lo realizan no han recaído a los seis meses y que el 55% no lo han hecho a lo largo del primer año. «A partir del primer año ya es difícil volver a recaer».