,I ANDRÉS PINILLOS SOBA I FUNDADOR DEL 'BAR NAPOLI' Y NAVEGANTE DURANTE 25 AÑOS
«Mi vida en los barcos fue muy dura»
El Bar Nápoli debe su nombre al trabajo de Andrés para una compañía italiana de navegación
Andrés Pinillos Soba (1936) es el fundador del Bar Nápoli de Logroño. Sin embargo, su pasado está más relacionado con el transporte de ganado y la navegación por alta mar.
Desde que era pequeño, en Torrecilla en Cameros se dedicó a las labores de montaña y compra-venta de ganado. «Eran tiempos de mucha necesidad», recuerda. «Mis padres tuvieron once hijos, pasaron toda su vida trabajando, y a mí me tocaba lo mismo».
Pero esa experiencia les abrió otro camino en dirección a tierras bien lejanas. Sus andanzas comenzaron en el año 1966 cuando se produjo una crisis de ganado en España derivada de la incorporación de maquinaria moderna. Al mismo tiempo, la necesitada India en guerra con Pakistán compró en España grandes cantidades de animales. Andrés y un hermano suyo transportaron doscientos caballos en tren hasta el puerto de Barcelona con el fin de embarcarlos en un barco italiano que los llevara hasta India. Andrés relata: «Vimos que sus hombres tardaban muchísimas horas en cargar los barcos. Nosotros teníamos más práctica y el jefe del barco nos propuso hacer el viaje al cuidado del ganado y descargarlo en el puerto de destino». Después, cuenta el riojano que hicieron un viaje «excelente» y la compañía quiso que continuaran como jefes en sus barcos. A cambio, los hermanos pusieron la condición de trabajar con hombres españoles seleccionados por ellos mismos.
A partir de entonces no les faltó trabajo en puertos de Chile, Uruguay, Rusia, Golfo Pérsico, Australia... Pero la experiencia de los primeros viajes resultó «muy dura» aunque compensada por el sueldo que cobraban y que era impensable en La Rioja en ese tiempo. «Aquellos barcos eran muy malos y nosotros pasábamos las 24 horas del día metidos en las cuadras con el ganado», recuerda Andrés, quien apunta una diferenciación clave con respecto al trabajo de los marineros, «que no tenía nada que ver». «Nuestra vida en los barcos ganaderos era bonita pero también muy dura porque en el momento que entraba una pieza ya eras una 'víctima'. Con las ovejas no había grandes problemas pero para ir al cuidado de caballos salvajes había que tener experiencia».
Los seis hermanos varones de Andrés siguieron el mismo camino. Gracias a su conocimiento de dominar el ganado cada uno se hizo jefe de un barco distinto. El buen hacer y bravura de los Pinillos se hizo muy conocido en todos los puertos por lo que la compañía italiana fue creciendo y ganando prestigio.
Sin fotografías
Cada seis meses tenían un permiso para volver a casa pero muchos disfrutaban viajando porque si volvían al país vivirían una situación más desfavorecida: «Por sus circunstancias personales, había personas que preferían pasar años viajando», dice Andrés.
En una de sus visitas a La Rioja el camerano abrió el Bar Napoli, bautizado así porque la compañía de barcos era napolitana. «Más tarde mi hermano Domingo abrió el Porto Novo y se quedó aquí para seleccionar a la gente que podía incorporarse al transporte en nuestros barcos, procurando que no estuvieran enfermos y conocieran el trabajo ganadero», explica.
De todos los hermanos, Andrés fue el último en dejar este trabajo. En 1991 una grave pancreatitis le retiró definitivamente de la navegación cuando se encontraba en Uruguay. Desde su regreso los once hermanos Pinillos viven en La Rioja y «muy unidos, por cierto», concluye Andrés sin poder mostrar las fascinante fotos que un día tuvo pero perdió en uno de sus viajes.