«Todo ello provoca una continua y progresiva despoblación. Muchos riojanos deciden emigrar de las zonas rurales a los núcleos urbanos y los más atrevidos tienen en América su principal punto de destino».
Hasta 1900 los flujos migratorios riojanos fueron minoritarios, pero desde comienzo del siglo XX comenzaron a aumentar progresivamente. Primero eran individuos, jóvenes en su mayoría, luego terminaron siendo familias enteras.
América se convirtió en un paraíso apetecido para amplias capas populares. Las salidas aumentaron de manera espectacular, alcanzando su punto máximo en 1912.
La emigración riojana se nutrió en un primer momento de las poblaciones serranas, sobre todo del Alto Iregua y Alto Najerilla, pero también afectó posteriormente a las localidades del Valle y La Rioja Baja .