El Ciudad Real es ahora el monarca de este deporte, y debe reafirmarse aquí. Pero los otros tres grandes (Barcelona, San Antonio y Ademar) necesitan un triunfo balsámico que sane sus heridas. Y el Valladolid, campeón vigente, es el matagigantes, sin descartar a los demás en estos cuartos de final.
«Cuando el Ciudad Real nos hace la defensa en 5-1 (con un jugador avanzado), las ideas se nublan, parece que nos atascamos y se nos encoge el brazo». El veterano lateral Demetrio Lozano, del Portland San Antonio de Pamplona, resume con esas palabras la enorme dificultad de tumbar al gigante manchego, un equipo de galácticos muy bien conjuntados. Sus triunfos se basan en un portero excepcional (el serbio Sterbik), una defensa tan coordinada como sumamente molesta y la calidad individual de todas sus estrellas en el ataque.
Si Zupo Equísoain no encuentra la manera de romper ese 5-1, es probable que el Portland, con sus dos laterales zurdos lesionados (Garralda y Martín) vuelva a ser barrido por el Ciudad Real, como ocurrió en los dos partidos de la final Copa de Europa. A pesar de la presumible relajación del equipo manchego tras ese gran triunfo, el perfeccionismo de su entrenador, Duishebáiev, indica que el campeón de Europa debería plantarse en la final tras eliminar en semifinales al vencedor del Almería-Aragón.
La otra parte del cuadro está más oscura. Extrañamente, el Barcelona es el líder destacado de Asobal, a pesar de que no convence desde hace varias semanas: sus últimas victorias no se han debido a un juego colectivo ni brillante, sino a la calidad individual de algunos azulgrana, y hay indicios de que el vestuario no es una balsa de aceite. Problemas muy distintos hay en León, donde algunos jugadores importantes que ya han fichado por otros equipos parecen estar poco motivados.