Las mayores alegrías que se recuerdan las dio el Club Deportivo Logroñés, claro. 1988 fue un año grande para el fútbol riojano: lo que parecía imposible –tener un equipo en la Primera División– se consiguió. Eran momentos de grandes jugadores y grandes directivas: entre todos crearon un proyecto que se mantuvo en la élite durante ocho temporadas. Pero aquella primavera de 1988 fue única. Riojanos de Primera.
En 1996 se repitió la historia. Medio Logroño se trasladó a Toledo. El casco antiguo de la ciudad histórica se volvió de color blanquirrojo: uno se encontraba por la calle con los amigos como si aquello fuera la calle Laurel.
Y el campo toledano tenía gradas enteras de color blanco y rojo. Ya quisiera Las Gaunas ser ahora como el Salto del Caballo aquella tarde.
La celebración en Logroño fue, como enseñan las fotos, apoteósica, con la Plaza del Ayuntamiento más llena que en día del cohete de San Mateo.
Recuerdo y esperanza
Luego vinieron mal dadas, y aquellas jornadas son ahora un recuerdo glorioso, pero poco más. No se pierde la esperanza, claro, de que algún día el fútbol vuelva a dar tardes como aquéllas.
Por ahora, algunos de aquellos felices logroñeses volverán a vibrar, esta vez con un deporte con el que entonces ni se soñaba: el balonmano. En las manos de los muchachotes del Darien está ahora devolver a un equipo riojano a la primera división de un deporte mayoritario. La fiesta, luego, será cosa de la calle.