El mundo educativo de La Rioja vive estos días bajo la lupa: habituados a ser quienes evalúan, son ahora los docentes quienes se ven examinados. Ellos y sus alumnos (1.700 estudiantes de Secundaria) deben responder sobre el nivel de sus conocimientos, a la luz del informe PISA: un desolador estudio sobre la educación que situó a España en el furgón de cola de la UE. Las pruebas que protagonizan los escolares carecen de consecuencias académicas, pero ofrecerán una radiografía de extraordinaria utilidad sobre la calidad educativa riojana. La Consejería, que la próxima semana examinará a los alumnos de Primaria, suele alardear del alto nivel de los estudios que ofrece; en diciembre, cuando le pongan nota, se sabrá si ese orgullo está justificado.