El responsable diocesano acababa de celebrar su encuentro con más de 300 chavales reunidos durante todo el día en torno al I Encuentro de Jóvenes Cofrades de La Rioja. Pasados los ecos de la Semana Santa, se vio necesario celebrar por primera vez un encuentro para la reflexión y la convivencia entre los más jóvenes, la verdadera cantera de las cofradías. A ellos se dirigió para pedirles que vivan la religiosidad todo el año, no sólo en los días de procesiones y no dejen de sentirse orgullosos de llevar la túnica y los pasos. «Aunque en las cofradías -les recordó- no sólo estáis para tocar el tambor, hay que ir a la raíces. Yo esto les repetía mucho a los de Calanda».
El mensaje directo y distendido del obispo centró la jornada de trabajo de la mañana, un tiempo en el que los jóvenes logroñeses participantes, a los que se sumaron los llegados de Quel, Haro, Calahorra, Pradejón, Autol, Herce y Aldeanueva, se dedicaron a debatir sus palabras, así como a hacer propuestas para seguir con actividades durante el resto de los meses.
«Queremos que durante todo el año se ensayen nuevos encuentros de confraternidad, tanto lúdicos como religiosos». Fermín Labarga, presidente de las cofradías de La Rioja, era el encargado de poner orden y distribuir por las grandes salas de la nave central los más de diez grupos formados. «Las cofradías están teniendo un gran atractivo entre los jóvenes, no sabemos si por tradición familiar, si posiblemente también porque les atrae el tambor... Al comprobar este gran interés, vimos la necesidad de juntarlos. No hay que olvidar que son las futuras generaciones, las que van a asegurar la permanencia de las cofradías de La Rioja».
La jornada de convivencia, que incluyó también una comida de hermandad y una misa, terminó con una exaltación de instrumentos típicos de Semana Santa. El estruendo de los tambores y la cornetas volvieron a sonar en los pasillos del seminario, aunque esta vez para deleite propio y sin la presencia multitidinaria que les acompañó días pasados. «Ha sido un encuentro para la convivencia entre todos los cofrades jóvenes, un grupo cada vez más numeroso. Nos ha servido para la reflexión, pero también para exponer las vivencias de cada uno», decía Jonathan, cofrade logroñés, uno de los coordinadores de esta primera experiencia con visos de continuar. «Ha sido un éxito la convocatoria y es de alabar que hayan venido tantos jóvenes en un día de fiesta en el que podían haberse ido de fiesta», concluía.