| ESTER BRENES PEÑA | UNIVERSIDAD DE SEVILLA
«Los jóvenes utilizan los insultos para reforzar vínculos grupales»
Un estudio analiza la capacidad de los hablantes al emplear la procacidad como una cierta fórmula de identidad
«Buenas noches, ¿¿cabrones!!». El vocalista del popular grupo de rock-folk 'Mago de Oz' saluda desde el escenario a los miles de seguidores que han acudido al concierto de Las Ventas y éstos le corean entusiasmados. No hay ofensa, no hay agresión, no hay insulto, no hay descortesía Es pura camaradería y, en parte, más estrecha gracias al exabrupto. No funcionaría igual si el cantante emplease alguna fórmula socialmente más correcta y dijese algo así como: «Buenas noches, bienvenidos, gracias por estar aquí». No serían los mismos o no se sentirían igual.
Ester Brenes Peña, lingüista de la Universidad de Sevilla, expuso ayer en Logroño un estudio sobre 'Los insultos entre los jóvenes: la agresividad verbal como arma para la creación de una identidad grupal', cuya principal conclusión es precisamente la del enunciado: «En ocasiones, los jóvenes utilizan los insultos, no como agresión verbal, sino como una forma de reforzar sus vínculos de grupo».
Tradicionalmente, el insulto ha sido considerado como un acto de habla intencionadamente amenazador, propio de la descortesía y de la agresividad lingüística, que deteriora, denigra y descalifica la imagen del interlocutor. «Sin embargo -dice Brenes-, el objetivo de esta ponencia es analizar, dentro de la corriente lingüístico-pragmática que intenta reflejar la conexión de la lengua con su entorno, en qué medida dichos términos pueden ser utilizados -como en conversaciones coloquiales prototípicas entre jóvenes- justo con el objetivo contrario, es decir, con la intención de provocar un cierto efecto de cortesía, en tanto que son una de las formas discursivas que manifiestan la pertenencia a un grupo o generación, reforzando el sentimiento de solidaridad grupal y la cercanía entre los interlocutores».
En 'botellones'
La investigadora -que para hacer su trabajo de campo ha grabado conversaciones espontáneas en situaciones tan exclusivas de los jóvenes como 'botellones'- afirma que «no es posible aislar el texto de su contexto extralingüístico a la hora de determinar el grado de cortesía, (des)cortesía, anticortesía e incluso agresividad de los enunciados».
Pero, por qué emplear insultos si se les desprende de su significado ofensivo: «Los jóvenes tienen la pretensión de ser reconocidos por los suyos y tienden a hacerlo transgrediendo las normas». «El efecto de estos insultos -añade- es, precisamente, el de constituir, no ya un tipo de juego o ritual, sino una imagen propia, un signo de diferenciación tanto de los adultos como de los niños». De modo que ponerse de cabrón para arriba «no supone una amenaza de la imagen positiva, sino que posee un efecto social afiliativo y de constitución de imagen y la identidad».