La defensa del Rioja ante esta situación estriba en reglamentos y expresiones en etiquetas basadas en esa libre competencia y lealtad al consumidor.
A muchos técnicos se les ha ocurrido discernir el envejecimiento en barrica, del proceso de inclusión de trozos de roble.
Debe considerarse que el roble procede de diversas especies, diversos hábitats, diverso corte y curado, diverso tostado, etc.. Y estas variaciones son para barrica y para chips. Por lo tanto, discernir científicamente si un vino ha seguido un proceso u otro sería sencillo del mismo roble, pero muy laborioso en la práctica. Y, al paso que progresa el comercio, cuando se hallara fórmula y fuera ley o norma el mercado, ya se enfrentaría a hecho consumado irreversible. Es más importante la norma y control de volúmenes, tiempos y barricas, etc. que pesquisa química.
En torno a 1990 nos encontramos ante una anomalía en vino embotellado, consistente en sedimento cristalino negruzco. No aparecía en datos bibliográficos y los estudiamos a fondo. Se formaba en la botella, una vez filtrado y encorchado el vino. Era pesado y tiznaba el papel como si de grafito se tratara, pero no era conductor de electricidad. Y encontramos que se componía de un 34 por 100 de hierro. Era una aportación interesante a la enología de alteraciones de los vinos en la botella. No lo detectamos en Rioja y el estudio de antecedentes arrojó, como causa originaria en los vinos en que apareció, el haber sido tratados con virutas, ahora sí, de roble tostado. Esta detección era una delación pero como la ciencia progresa, tanto para los que están dentro de la ley como para los que están al margen, aquello ya no volvió a detectarse.
Pero esta controversia sobre barrica de roble y utilización de trozos de roble nos lleva a la consideración de desear información al consumidor en la etiqueta sobre la utilización de uno u otro modo de roble.
La derivación de este anhelo nuestro actual para defender la crianza en barrica es un cambio moral importante en el comercio y desde luego, es una actitud saludable bajo la consideración de consumo. Pero es un cambio moral pues en alimentación no hemos sido vigorosos defensores de la formación del consumidor.
Recordamos un proyecto de código alimentario que se sometió a consideración del sector de la alimentación en torno a 1974 y del que nada más se supo, pasándose a actuar con información comercial sobre un consumidor pasivo pero eludiendo una formación armónica de consumo.
Ahora nos interesa, además de la información comercial, la información de consumo, pero es para defensa de intereses no estrictamente del consumidor. De todos modos, es un buen paso y confirma nuestra tesis que expresa ... "La calidad del Rioja en el futuro depende, en buena medida, de que los riojanos sean consumidores exigentes con sus raíces".
De la interesada complejidad en el consumidor, obsérvese el paso, de recibir complejidad en vitaminas, alimentos "bio", etc. a la información clínica. Alimento para bajar el colesterol, pera reducir tensión, triglicéridos, etc., casi jocoso todo.