«El sector está tocado», sentencia Víctor Díez desde Ricajema, un negocio especializado en vinos y licores que mantiene un positivo nivel de ventas a los consumidores particulares. No ocurre lo mismo, según detecta Díez, en relación a la hostelería, su otro frente de negocio. «Soy pesimista», reconoce al tiempo que apunta una «excesiva oferta de bares y restaurantes» como la principal razón de un amento de precios peligroso en una coyuntura tan movediza. «Es cierto que por el momento se mantiene un nivel de consumo aceptable, pero desde mi punto de vista es irreal y comporta un notable riesgo», explica. Y concluye: «Hay problemas en el comercio, pero llevamos tanto tiempo así...»