Comenzó pegando un 'trompetazo' el menudo Yon Bru, que siempre tiene fuerza para todo, con un Dionisio Galparsoro que, al 'violín', supo mantener el ritmo y consiguió a la postre que el 'percusionista' Ricardo Serrano completara una sinfonía de gran ciclismo, en el que -hay que añadirlo y destacarlo- lo que aún hace más brillante su triunfo, colaboraron todos los rivales, que también querían integrarse en la afinadísima orquesta que habían montado los de un Óscar Guerrero que, sancionado y todo, está gozando como ese buen director que es.
Ni siquiera la fuerte lluvia que inició la jornada y que después templó (porque estuvo amenazando todo el día con aguar la fiesta) pudo con el pelotón, que fraguó otra etapa para recordar y en la que el triunfo fue a parar al equipo que más lo buscó, con unos hombres que, ayer, cuando menos, demostraron hacer honor al nombre de su equipo y ser la leche.
Contra todo
Empezó la etapa con mucho movimiento y el pelotón muy estirado, porque entre que hacía frío y que había estado lloviendo y amenazaba que lo iba a hacer durante toda la jornada, todos querían terminar cuanto antes los tramos buenos; ya llegarían los problemas y las agonías.
Y el recital de los 'músicos' del Kaiku comenzó cuando se iniciaba el ascenso a Peña Hincada. Bru y Galparsoro, junto a otros varios corredores que también querían hacer trabajar atrás al equipo del líder, fueron sacando poco a poco tiempo al pelotón.
Los Balears no se inmutaron, porque sabían que había mucho tiempo y recorrido para cambiar el ritmo de la canción de la jornada y pasar a su propia sinfonía, la del dominio final, así que mantuvieron la distancia. Pero no contaban, por lo que se ve, con que en la gran batalla final se iban a mantener los hombres del Kaiku a pleno rendimiento, con alguno más que estaba al acecho, caso de un Rubén Plaza que está preparandose para ser el mejor hombre de su equipo en el Tour.
Recta y ascenso
Fue a partir de Santo Domingo donde se fraguó todo. Porque en la larguísima recta que lleva a Ezcaray fueron cayendo los que no alcanzaban las notas altas, mientras que Jiménez y Bru mantenían una enconada lucha para seguir haciendo trabajar a fondo a los de Jaimerena, que seguían intentando darles caza.
Y aguantaron lo suyo, porque no fue hasta el inicio del ascenso claro hacia la Cruz cuando fueron absorbidos por los que aún podían hacer funcionar sus instrumentos sin desafinar.
Fueron los más fuertes los que tomaron la iniciativa, los que intentaron más de una vez realizar el solo que les diera la gloria, pero no pudieron conseguirlo. Y, al final, un bonito esprint entre los tres que llegaron con más fuerza y triunfo para el pucelano Ricardo Serrano, que lo celebró a lo grande.