Gracias al buen inicio en la dirección de Bustamante -efímero eso sí- y al buen movimiento de balón buscando la mejor posición de tiro en cada ataque, consiguieron un parcial de 6-13 que dejaba bien a las claras que no venían de comparsas. La ventaja y el control del partido corrió a su cargo durante el primer cuarto maniatando a un Ourense errático, sin ambición y sólo con un parcial de 5-0 en los últimos segundos del cuarto llegaba a tiro de piedra al término del mismo (17-20).
Cambio total
La decoración cambió en el segundo acto. El equipo errático fue el riojano, cuyos jugadores mostraban ahora una imagen pobre, mientras los locales vivían del acierto exterior de Mcknight, sin que mejorase su juego ni demostrasen la teoría superioridad que se le presuponía al comienzo del encuentro. Al descanso la mejor noticia para los riojanos eran los cinco puntos de desventaja que llevaban (40-35) después de lo visto.
Pero al partido le faltaba chispa, parecía un encuentro amistoso al que los hermanos Suka-Umu se encargaron de ponerle el picante necesario. Una falta anitdeportiva de Blake supuso la pérdida de papeles de David y acto seguido de su hermano, entonces en el banquillo, que se encaró con la grada. Mientras esto sucedió los locales abrían brecha en el marcador ante la desidia y el mal juego de un Cajarioja en el que no se salvaba nadie. La diferencia de diez puntos rondó el marcador durante muchos minutos pero los de Dani García no rompían el encuentro. Algo que parecían hacer en el último cuarto después de conseguir una máxima de 13.
Las rotaciones fueron una constante en unos y otros, al igual que las pérdidas y desaciertos, lo que propiciaron la reacción final riojana. Un parcial de 3-15 les permitió igualar el encuentro al falta de 3:06.
Herrero tuvo mucho que ver con esta reacción por su acierto en ataque, pero cuando mejor lo tenían los de Sala, llegarían de nuevo los errores. Bustamante no era capaz de guiar a los suyos con claridad y tres pérdidas consecutivas dieron paso al despegue definitivo local de la mano de Mcknight y Sony.