Epifanio deja de ser vendedor de la ONCE y Aurelio se va para siempre
La muchísima gente que desde las aceras ha asistido a las procesiones de la pasada Semana Santa han tenido que soportar la presencia de ese personaje que aparece inevitablemente en todos los acontecimientos públicos de la ciudad, gesticulando como si fuera el organizador de ello, en este caso las celebraciones religiosas, en otros el fútbol, los toros, las degustaciones gastronómicas festeras, sobre todo, etcétera. ¿No hay forma de que se limite a comportarse como un ciudadano normal?
El pasado martes se jubiló como vendedor de la ONCE Epifanio Sánchez Giménez, muy popular en la zona de Laurel. Epi, que por ese nombre se le conocía, tenía una gran clientela fija a la que atendía cumplidamente desde su cuartel general en la confluencia de Laurel con Albornoz. Se recuerda de él que la caseta que tenía al final de Portales, junto a la Plaza de San Agustín, fue arrollada por una furgoneta, afortunadamente sin que Epi estuviera dentro. Después de 18 años de trabajo le llega el merecido descanso.
Ahora que se han retirado los andamios, se puede contemplar la espléndida reproducción llevada a cabo, con absoluta fidelidad, de la fachada de la casa que se construyó a principios del pasado siglo por encargo de Jacinto Garrigosa para sus grandes almacenes en el número 10 de avenida de La Rioja, una magnífica reconstrucción de la que estarán orgullosos los hermanos Calleja, autores de la obra.
Loable detalle de sensibilidad el que han tenido en la tienda de muebles de cocina Induama, en Jorge Vigón, 41 colocando en la fachada dos ramos de azaleas en unos cestaños de mimbre, como igualmente habrá que agradecer a Maribel que haya vuelto a adornar el jardín de su casa en avenida de la Autonomía con multicolores tulipanes para recreo visual de quienes pasan ante su fachada.
Hay desapariciones de personajes populares de la ciudad que sin ser relevantes resultan dolorosas. Tal es el caso de Aurelio, un entrañable logroñés que apareció muerto en su domicilio de la calle Norte. Se nos fue de manera apacible, como si no quisiera molestar, como él era, paseando su jubilación siempre por el viejo Logroño, con su visera y su puro en la comisura de la boca, consumado pescador en sus años mozos, enseñando sin complejos su muñón del brazo perdido en accidente de trabajo... Adiós, amigo Aurelio.
Está bien que se haga una defensa de los árboles, valor inapreciable de una ciudad, pero hay casos en los que su defensa resulta discutible. Tal es el caso de los frondosos que existen ante las casas que se están elevando en lo que eran instalaciones de Iberduero al borde de la circunvalación, que de mantenerlos quitarán las vistas de los pisos para disgusto de sus propietarios.