Antonio Martínez conoce bien a las aves, a las que ha adiestrado durante muchos años. «No se trata de un trabajo mecánico -dice- sino que hay que aprender a comprenderlas, observando sus comportamientos psicológicos...». Comenzó en Benalmádena, en el centro de aves rapaces 'Castillo de las águilas'. Allí empezó a identificarse con este mundo. Después, más rodado ya, asumió nuevas y mayores responsabilidades en el centro 'Refugio de rapaces', en Peñíscola. En su famoso castillo del Papa Luna, en el patio de armas, realizaba demostraciones de vuelo para los turistas. El gerente de aquella empresa llevaba, también, el control de fauna del aeropuerto de Málaga, labor consistente en despejar de aves el espacio aeroportuario mediante el uso de rapaces. Antonio también trabajó en ello, al igual que en 'limpiar' de palomas edificios y centros de la ciudad, o de gaviotas su puerto. Incluso desarrolló un método, no cruento, para el control de las palomas. Ahora, con pasos lentos pero firmes, asegura piedra sobre piedra para edificar su idea.