La lluvia inunda dos plantas del monasterio de Yuso tras derribar el viento las lonas de las obras
Los trabajos para el futuro Centro Internacional de Investigación de la Lengua han provocado la retirada del tejado del Claustro de Santa Rita, que se protege con toldos. El agua obligó a trasladar a la biblioteca la valiosa colección de cantorales del XVII
La ley de Murphy dice que la tostada siempre cae del lado de la mermelada y es cierto. Un compendio de casualidades se unieron ayer en el monasterio de Yuso y provocaron un incidente que bien podía haber tenido resultados irreparables; dos plantas del edificio Patrimonio de la Humanidad se inundaron, y alguna con más de dos dedos de agua, sin dañar las valiosas obras que el monasterio contiene.
La rehabilitación del Ala del Cura y el Claustro de Santa Rita está en su máximo apogeo ante la premura de tiempo. Las obras se deberían de terminar, según consta en los carteles informativos, en el mes de junio, y el tejado del claustro de Santa Rita se encontraba levantado para la sustitución de alguna de sus vigas y renovación de las tejas. El pasado miércoles los obreros de Comsa, la empresa encargada de la rehabilitación, taparon con lonas la parte descubierta ante la lluvia que se anunciaba para el final de la Semana Santa. Sin embargo los toldos no soportaron el fuerte viento que se levantó el viernes y que dejó al descubierto todo el tejado levantado.
En la noche del domingo la lluvia, más de 27 litros por metro cuadrado según el pluviómetro oficial de San Millán, inundó la planta superior y formó bolsas de agua en las lonas que poco a poco se fueron filtrando hasta alcanzar el claustro de San Millán, las cinco celdas del mismo y la sala de cantorales.
«Desgraciado accidente»
A las nueve de la mañana los frailes agustinos recoletos se percataron del desastre y avisaron a los trabajadores del monasterio para que les ayudaran a recoger el agua, que ya medía más de dos dedos en el suelo del claustro. A la tarea se sumó parte del personal de la Hostería del monasterio, las chicas de la central de reservas de Suso y la oficina de turismo. Más tarde llegaron los responsables de la Fundación San Millán, el arquitecto de la obra y trabajadores de Comsa, así como una dotación de bomberos del CEIS que ayudaron a recolocar las lonas del tejado.
Los valiosos cuadros de Ricci y la colección de cantorales no se vieron afectadas y se trasladaron hasta la biblioteca del monasterio, aunque sí alguna de las prendas del Cardenal Aguirre y libros que se guardaban en las celdas del claustro. Para Almudena Martínez, de la Fundación San Millán, «éste ha sido un desgraciado accidente» y según el arquitecto de la restauración, Javier Arizcuren, «han sido un cúmulo de circunstancias las que han propiciado esto». El prior, Juan Ángel Nieto se encontraba consternado y lo único que añadió fue el «agradecimiento a todos los que nos han ayudado en este momento tan duro, gracias a Jesús Bartolomé, José Domingo Avellaneda, las chicas de turismo, al personal del monasterio y algún vecino de San Millán».