Sin entrar en valoraciones sobre la responsabilidad de los daños -«será la Justicia quien hable»-, Ulecia recordó que la historia de la reforma, con un presupuesto de 1,8 millones, nació con la adjudicación de la obra a Andaluza de Promociones y Contratas S.L., que se hizo efectiva el 11 de noviembre del 2002. Sin que esta firma llegara a hacer nada, Begamed S.L. se subrogó de la adjudicación de obra.
El 1 de abril del 2004, entre las elecciones y la toma de posesión de Rodríguez Zapatero, los entonces responsables de Correos (del PP) aprobaron un modificado por 609.666 euros (30% del coste total). Un mes después, con el nuevo Gobierno en el poder, se empezaron a llevar a cabo cambios en las distintas sociedades, ministerios y organismos. En diciembre del 2004, Correos decidió relevar la dirección de obra, después de verificar «anomalías» en los trabajos ejecutados. Se trataba, según Ulecia, de grietas que, a simple vista -falsos techos tapaban la estructura- eran menores. Ante estas deficiencias, cuya reparación no se ejecutó nunca por «discrepancias entre Begamed y Correos», se encargó un informe independiente al COAR, tras dar varios plazos a Begamed para que solucionara los problemas.
Catas y cierre
En julio del 2005, Correos decidió romper el contrato con Begamed, con su acta notarial correspondiente. Tras la recisión del contrato, Correos reclamó las llaves del edificio, algo que se hizo efectivo en octubre, ya que «Begamed se negó a entregarlas en un principio si no se solventaban unas diferencias económicas».
Por ello, Correos no tomó posesión del edificio hasta noviembre del año pasado. En ese momento, ante la aparición de grietas y humedades «que no tenían una explicación», los arquitectos contratados por Correos pidieron permiso para hacer unas catas más en serio. «Tal es así, que en enero, cuando empiezan los trabajos, comienzan a obtener conclusiones de que las deficiencias pueden ser mucho más importantes de las que habían registrado en la inspección ocular realizada con anterioridad».
Así, los arquitectos desaconsejaron, por la propia seguridad de la gente y por la desconfianza que tienen con respecto al comportamiento estructural del edificio, que se abra al público. Ante la gravedad, Correos puso el caso en conocimiento de la justicia, además de continuar su pleito con Begamed.
Ulecia subraya que no tiene capacidad para afirmar si las averías ya estaban en el edificio o se generaron durante la obra. «En todo caso, tengo que pensar que la dirección de Correos hizo un buen trabajo al redactar y contratar el proyecto», señala. «Es más, tengo que pensar que al aprobarse un modificado del 30% del importe de la obra, es precisamente para incorporar alguna cosa que se ha dejado fuera del proyecto», sintetizó.