Un curso enseña a los inmigrantes de Nájera a acceder a servicios sociales
Rocío Torre, directora general de Familia y Acción Social del Gobierno regional, explica que en muchas ocasiones los inmigrantes asentados en La Rioja desconocen a qué servicios públicos pueden acceder y cómo hacerlo. En sus países, reconoce, «no hay sistemas de protección o son poco garantistas». Por eso, una vez en España se producen «desajustes». Evitar esos problemas es el objetivo de unos cursos de orientación y acceso a los recursos sociales para inmigrantes que ha organizado el Centro de Coordinación de Servicios Sociales Comunitarios de La Rioja Alta.
El primero de ellos se ha desarrollado durante estos meses en Nájera, donde, según comenta Rocío Torre, ya se había realizado una labor de introspección y había un número importante de inmigrantes. El siguiente paso es trasladar la experiencia a otros municipios de La Rioja.
Desde febrero hasta el primer lunes de abril se ha desarrollado en el cine Doga de Nájera este curso pionero. El número de participantes ha variado, pero la mayoría de los alumnos fueron mujeres. A lo largo de ocho sesiones, la educadora social Susana Esquire ha orientado sobre el acceso a los recursos sociales.
Rocío Torres y Susana Esquire comentan que las 'clases' son muy participativas. En ellas se inculca a los inmigrantes que las prestaciones básicas, como el acceso a la sanidad o a la educación, están garantizadas en su país de acogida, algo que «para personas de otros entornos resulta novedoso». Además se pretende que conozcan las costumbres y el sistema de valores de España. Rocío Torre señala que esta transmisión de valores es una «apuesta importante para erradicar la violencia de género, pues hay mujeres que vienen con otros planteamientos y están en situación de desventaja social».
En cada sesión se aborda un tema concreto, ya sea el sistema educativo, el sanitario u otros. Las clases comienzan con una lluvia de ideas sobre los conocimientos previos que los participantes tienen sobre el tema del día. Sin embargo, esta dinámica es bastante flexible. «En una ocasión -relata Susana Esquire- hubo que modificar una sesión porque surgió un problema sobre un tema concreto y siempre nos adaptamos a sus necesidades».
Esquire señala que intenta que ésta sea una «semilla» para que estas personas se conozcan y más adelante «se ayuden entre ellas». La educadora recuerda que estas mujeres llegan a un país desconocido en el que no tienen vínculos personales y necesitan hacer amistades. Por ello, las sesiones se desarrollan en un ambiente acogedor y cómodo «en el que puedan contar sus problemas». Esquire explica que «tratamos de aconsejarles y de que este curso les sirvan de apoyo».
Fátima, marroquí, es una de las personas que ha participado en el curso y se muestra satisfecha con lo aprendido. «Me gusta cómo se hacen las clases, Susana tiene mucha paciencia con nosotras, explica bien las cosas y la entiendo», explica, todavía con cierta preocupación por el idioma. Son opiniones que comparte el resto de alumnas quienes de forma unánime resaltan la utilidad de los temas que se han tratado. Elizabeth llega más lejos. «Hemos aprendido cosas que no sabe ni la gente de aquí», sentencia.