«Tal y como está Logroño, ¿quién se mete en el centro para comprar?»
Dicen que el Ayuntamiento ha hecho oídos sordos a sus quejas y peticiones. Pidieron que se reforzara la vigilancia en Avenida de España, donde los comercios permanecen aislados y escondidos tras las tupidas vallas de las obras. «Yo, gracias a dios -explica una comerciante-, me he librado de atracos porque tengo unas lunas que no se rompen fácilmente, aunque algún día me las he encontrado con buenas patadas. Pero creo que soy la única que quedo».
¿Más problemas? «Con las vibraciones de la maquinaria, la alarma se me ha roto ya tres veces y me han dicho que tendré averías hasta el final de las obras, que me tendrán que poner una alarma nueva». También muestra las pequeñas grietas que asoman sobre su cabeza, en la escayola del techo.
«Yo estoy quemada a tope -asegura-, pero el resto de comercios de la ciudad también se quejan porque, tal y como está Logroño, ya me contarás quién viene de los pueblos a comprar y se mete en el centro. Todo el mundo se va a los centros comerciales y, cuando se acaben las obras, nos va a costar muchísimo recuperar a la clientela. Yo no sé si no vendo por estas obras que tengo enfrente o porque Logroño está levantado, las calles están cerradas y no se puede aparcar, pero esto es un desastre».
Al frente de su comercio de Jorge Vigón, otro empresario lamenta que las obras del segundo tramo no avanzan al mismo ritmo que en otros parkings, como el del principio de la calle o el de Gran Vía. Con todo, dice, «lo que más rabia me da es que en ningún momento ha habido disponibilidad por parte del Ayuntamiento para brindarnos alguna ayuda».