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Lunes, 10 de abril de 2006
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Ha muerto un hombre bueno
Desde Madrid, desde el foro, después de haber asistido al funeral de mi padre, quiero enviar estas letras como homenaje a ese padre, que me engendró, me amó, me educó. Y, sobre todo, me enseñó a tener sentido del humor. Eso de lo que adolecen algunas personas, porque no valoran esa actitud ante la vida. Se suele decir que: «La risa abunda en la boda de los tontos». Por eso, como hija adoptiva de La Rioja, apreciando que en este periódico se contempla el sentido del humor y de la ironía (véase los chistes de Tris, tan elocuentes haciendo alusión a la vida cotidiana de La Rioja), y considerando que llevo 17 años en esta tierra, el consejo que me dio mi padre: «Allá donde fueres haz lo que vieres», le hice caso. Me adapté, aprendí a hacer patatas con chorizo, a bailar la jota de Logroño, a impartir clase en distintos centros donde me queda la satisfacción de ya tener alumnos grandes que sobre todo tienen un muy sentido del humor.

Mi padre se fue de puntillas, como dice un hermano mío: «Hay que ser elegantes, hasta para morir...», decía él. Y fue envejeciendo con dignidad, en compañía de mi madre, con un guión muy positivo de vida. Seis hijos y una hija. Nos enseñaron a compartir, adaptarnos a las circunstancias de la vida. Ya lo creo que me adapté. Inicié el grupo de teatro 'Mezcolanza', que me ha permitido seguir creando y creyendo. Creyendo en ese hombre bueno, alto y enjuto de carnes cual Quijote, que me enseñó a soñar, sin apartarme de la realidad. Por eso mi grafía alivia el dolor que siente mi alma, ante la ausencia de mi padre. Él, que escribió tantos artículos y colaboraba en una revista divulgativa de Valencia de Don Juan (El Esla), de León.

Este, que era mi padre y que le gustaba jugar al mus, estará echando un órdago a San Pedro, esperando ganar la partida.

«Adiós compañero del alma, compañero». Gracias, papá, por quererme.

Valgan mis palabras a todos esos padres que han fallecido y nos han enseñado a amar.

Desde Madrid, con amor y con humor.



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