El despertador ya no suena a las cinco
Los dos últimos obreros de Electrolux relatan su primera semana en el paro
Ellos pasarán a la historia como 'los últimos de Electrolux'. El viernes 31 de marzo, a las once y media de la mañana (una hora más tarde que la mayoría de sus compañeros), Juan Luis López y Camilo Rubio abandonaron la fábrica de Fuenmayor. Detrás de ellos, nadie, salvo los 77 empleados que durante estas semanas realizarán labores de mantenimiento y administración en la planta.
«Yo me marché tarde porque me despedí de todo el mundo», recuerda Juan Luis, natural de Medrano. «Yo ya había llegado a Fuenmayor, donde vivo, pero en la puerta de casa me di cuenta de que se me habían olvidado las llaves en la taquilla y tuve que volver a la fábrica», relata Camilo. «Un poco más tarde y me encuentro con las puertas cerradas definitivamente», bromea este extremeño de 54 años, que llegó a La Rioja hace más de 30 para trabajar en Bodegas AGE y que ha consagrado más de media vida a Electrolux.
Juan Luis y Camilo coinciden en que la primera semana en el paro ha sido rara, pero a la vez, se les ha pasado volando. «No te aburres pero te buscas tareas para estar ocupado», cuenta Juan Luis. Él ha pintado su casa, pero reconoce que está deseando que cuaje el plan industrial para poder volver a trabajar cuanto antes. Camilo, que se prejubilará, ha encontrado tiempo para ir a la huerta y salir con el perro. «Pero sobre todo, para estar con mi hija y cuidar de mi madre, que tiene casi 90 años», subraya.
Con el cierre de Electrolux, los horarios de estos dos trabajadores también han cambiado. Sobre todo, porque el despertador ha dejado de sonar a las cinco de la mañana. Camilo procura amanecer ahora a las ocho y media de la mañana, y Juan Luis, a las nueve. «Ahora me quedo a ver algún programa hasta la una de la madrugada, cuando antes, a las diez, ya estaba durmiendo», resume Camilo; «pero echo de menos a los amigos y a los compañeros».