Lo que pasa ahora en España, me recuerda un cuento de ese libro maravilloso titulado 'Las mil y una noches'. Es el cuento del pescador que entre sus redes encuentra un jarrón cuya boca está cerrada con un tapón con el sello del Rey Salomón. Al abrirlo, pensando por su peso que debe estar lleno de riquezas, sólo encuentra a un genio gigantesco que sale del jarrón en forma de una inmensa nube de humo y que furioso porque lleva encerrado más de 400 años, le dice que va a matarlo de forma horrible. Es inútil que el pescador, en vista del gran favor que le ha hecho, le ruegue por su vida. La decisión está tomada y debe prepararse para morir.
Entonces el pescador se pone a cavilar buscando de forma desesperada librarse de la muerte y le dice al genio que acepta su suerte, pero que antes le pide que le conteste a una pregunta: ¿Cómo es posible que haya salido de aquel jarrón donde no le cabe ni siquiera un pie? Le parece totalmente imposible. El genio cae en la trampa y le dice que va a demostrarle cómo y haciéndose humo vuelve a entrar en el jarrón. Al pescador le falta tiempo para volver a poner el tapón que todavía tenía en la mano y para evitar males mayores decide arrojarlo otra vez al mar y construirse allí una casa para advertir a la gente que no eche sus redes en aquellas aguas por el peligro que corren.
Nuestro presidente, el señor Zapatero, con sus aventuras con el estatuto catalán y el terrorismo vasco me recuerda a ese pescador y su jarrón con el genio enfurecido. Me pregunto si será capaz de convencer a esos geniecillos nacionalistas que ha dejado sueltos de que vuelvan a meterse en el jarrón de la concordia, de la paz, de la libertad y del respeto a los derechos de los que no piensan como ellos. Cuando se dé cuenta de los gravísimos riesgos corre y que nos está haciendo correr a todos, nacionalistas o no.
Lo ideal sería que fueran ellos los que se metieran solos, sin tener que recurrir a ninguna argucia o estratagema, pero eso no me parece demasiado probable ni posible. El presidente sueña con estar diez mil noches durmiendo en La Moncloa, pero a este paso quizás no llegue ni a los mil del cuento.