«Ellos mismos se disculpan por no venir», comenta Luis Ángel, el propietario, mientras detalla lo que ha sido el día a día desde la entrada en vigor de la Ley Antitabaco que le impide (de momento) reservar un espacio para fumadores al estar ubicado en un centro de trabajo. «La consumición que toma mucha gente no es más que una excusa para encender un pitillo», opina. «Como una sola persona de un grupo consuma tabaco, al resto le da lo mismo ir a otro sitio donde para dar gusto al fumador». Consecuencia: una bajada «brutal» de público. «Un día cualquiera del año pasado a estas horas (mediodía) había aquí unas 80 personas. Ahora casi no llegan a 15. La caja también se resiente. «Ingresamos 250 euros menos diariamente».
El borrador del Gobierno riojano abre en principio la puerta a que establecimientos de este tipo habiliten un área de humos. «De ese modo la mayoría de la gente que tenía el hábito de venir aquí volvería a hacerlo», vaticina.
La cafetería de Riojafórum es otro de los locales que está en una tesitura similar por disponer de más de 100 metros cuadrados y estar emplazada en el interior de un centro laboral. Como reconoce Santiago, su responsable, su caso difiere levemente de otros. «Nuestros clientes son mayoritariamente congresistas que entran durante los recesos», explica. «Están 'cautivos' en el mejor sentido de la palabra y tienen asumido que está prohibido fumar». La cafetería se ha acoplado a las exigencias y demandas del público y ha colocado unos ceniceros en las puertas de acceso que dan al parque. «Utilizan el bar como lugar de paso, o toman un café y se desplazan unos metros fuera para fumar».
La posible variación en la normativa dependerá, según Santiago, de lo que determine la dirección de Riojafórum y no alterará en demasía las costumbres de una clientela constante.
Escepticismo
Los empresarios del sector acogen el borrador con agrado moderado. «Los problemas más acuciantes siguen sin resolverse», denuncia Francisco Martínez desde la Asociación Riojana de Hostelería. «Los bares de los centros comerciales tienen dudas, los locales de más de 100 metros se sienten discriminados respecto a los pequeños, los restaurantes se encuentran con el 30% reservado para fumadores lleno, el resto vacío y menos clientela...», enumera. Y lo más grave a su juicio: «Los hosteleros somos los principales paganos de una ley populista y con afán racaudatorio». Su colectivo ha presentado cuatro alegaciones al texto, pero Martínez no oculta su escepticismo.
Arbacares aplaude la flexibilización sobre el tipo de separación necesaria en las 'zonas de humo' -«hay recursos técnicos suficientes para aislar esas áreas sin obras costosas», razona Enrique Arévalo- y la posibilidad de que los bares amplios de los centros de trabajo puedan tener zonas para fumadores. Su asociación, en cualquier caso, ha presentado una batería de sugerencias al anteproyecto regional que abarcan desde la clarificación del derecho a fumar en banquetes privados a que las obras de acondicionamiento se limiten a lo que exige la Ley.