Los hechos ocurrieron en una sucursal bancaria del BBVA situada en el número 81 de la avenida de la Albufera, cuando los atracadores accedieron al interior del local, armados con sendas armas de fuego y exigieron a los responsables que les dieran el dinero. En el momento del atraco, que se produjo poco antes de que el banco cerrara sus puertas al público, se encontraban en su interior 11 personas, la mayoría empleados de la entidad, aunque también había clientes y un trabajador de Correos, según informaron fuentes encargadas de la investigación del suceso.
La voz de alarma saltó cuando -de acuerdo con el relato de las fuerzas de seguridad del Estado- un viandante que pasaba frente a la oficina bancaria vio a los dos hombres a través de los cristales. Su llamada al 091 se produjo casi al mismo tiempo que otro ciudadano comunicaba que había sido informado de un atraco por la empleada de la entidad bancaria que le atendía en una gestión telefónica.
Ambos detenidos, de nacionalidad española, poseen en su historial arrestos por robo con violencia y el grupo de atracos de la policía madrileña investiga al de mayor edad por su presunta implicación en amenos cinco robos cometidos en las últimas semanas.
En esta ocasión, iban a cara descubierta aunque, según el testimonio de dos rehenes, uno de ellos llevaba peluca y gafas de sol y el otro tenía el pelo teñido de un color chillón. Su irrupción, dicen, no fue violenta. Esperaban cola como el resto de los clientes cuando sacaron las armas. «Nos dijeron que solo querían dinero y que no nos preocupáramos, que no querían problemas», aseguró una de las víctimas del suceso. La cosa se complicó después, cuando empezaron a sonar las sirenas de la policía. Visiblemente nerviosos, advirtieron a los empleados: «la habéis cagado».
Negociadores
Los secuestrados, privados de sus teléfonos móviles, fueron confinados en uno de los cuartos del establecimiento. Todos, menos uno de los empleados que podría ser el director. Supuestamente los atracadores se lo llevaron aparte para que les hiciera entrega del dinero. Pero no les dio tiempo a más. Hacia las 14.30, apenas un cuarto de hora después de haber proferido su primera amenaza, una mujer empezó a sentirse mareada y accedieron a su liberación. A partir de ahí, fueron saliendo de forma escalonada el resto de los 11 rehenes, gracias a la actuación de los agentes encargados de la negociación. Juan Manuel, un cartero que se encontraba en el interior del banco, aseguró que los atracadores exigieron a la policía dinero, drogas y un coche con el que huir. Las Fuerzas de Seguridad cortaron la calle al tráfico de forma parcial y acordonaron el entorno de la oficina, situada en el número 89. Los coches de la policía municipal y algunas unidades motorizadas de la policía eran lo único que permitía pensar que algo sucedía en esta concurrida calle en la que, por otro lado, ni se cerraron los comercios, ni se impidió el paso a los caminantes.
En un comunicado, la Dirección General de la Policía, se felicita por el trabajo del negociador «figura fundamental -subraya- para la resolución de atracos con rehenes». Según apunta, los últimos casos en los que se han producido hechos de esta naturaleza «los agentes de la policía formados y entrenados para negociar han resuelto la situación de crisis favorablemente».
En el exterior de la entidad bancaria se concentraron cuatro furgones del Cuerpo Nacional de Policía, numerosos coches policiales, agentes motorizados, un helicóptero y tres ambulancias del Samur, así como numerosos curiosos que se agolparon en la zona. También había compañeros, familiares y amigos de los rehenes que, al conocer la noticia a través de los medios de comunicación, se acercaron y vivieron momentos de mucha «angustia y tensión».