En el amanecer de cada 27 de septiembre, las voces de los auroros de Arnedo y Andosilla confluyen para dar vida a una tradición secular, el Rosario de la Aurora. Horas después, brazos y hombros navarros y arnedanos empujan en contraria dirección, unos para intentar llevarse los bustos de los santos médicos Cosme y Damián, que dicen que les robaron allá por el siglo XVI; otros para mantenerlos en su iglesia, bajo la sombra del castillo, donde defienden y reiteran que es su lugar, negando cualquier hurto pasado.