Una idea que nació en 1981 en Nájera y su comarca
Nájera, primavera de 1981. Un reducido grupo de agricultores de la comarca, preocupados por el futuro de su profesión, comparten inquietudes y desvelos. Entre charla y charla, nace la idea de organizarse como sindicato agrario. Dicho y hecho: aquellos campesinos de Hormilla, Azofra, Cordovín, Tricio, Arenzana, Uruñuela y otros pueblos de La Rioja Alta se constituyen como organización, acaparan la atención de los medios de comunicación (ávidos, en aquella época, de ofrecer voz a quienes históricamente no habían tenido protagonismo) e impulsan la conversión del campo riojano.
Veinticinco años después, La Rioja rinde homenaje a aquellos pioneros del sindicalismo agrario. José Ángel Alegría y su gente recogen el cariño de los suyos, pero también del resto de la sociedad riojana, como reflejan las palabras de Javier Erro, hoy consejero de Agricultura y antiguo responsable de la organización. «ASAJA ha aportado una dosis permanente de trabajo y dedicación, no carente de una necesaria componente reivindicativa», explicaba en las páginas del suplemento especial entregado ayer con este periódico. «Se logran más cosas mediante el diálogo que quemando neumáticos», reconoce el propio Alegría. Y Pedro Barato, presidente nacional de la organización, abrocha estas reflexiones con una frase que resume los principios que inspiran su actuación: «El desarrollo rural debe estar ligado a la agricultura».