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Sábado, 1 de abril de 2006
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OPINIÓN
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Una doctora con empatía
En el día de hoy me inunda la tristeza al conocer que la doctora Juana Hernández ha sido relegada/cesada/apartada/degradada (use cada cual el calificativo que mejor entienda o matice como convenga) del servicio de esterilidad del hospital San Millán.

Aún en mente tengo mi cara de perplejidad cuando oí con asombro cómo un médico, ella, me decía que yo «simple mortal» podía telefonearle para comentarle mi situación, evolución o lo que considerara, más aun cuando me pidió un teléfono donde llamarme. Un médico público podía llamarme ¿a mí! Era inaudito. Posteriormente constaté como la palabra empatía tenia significado mas allá del DRAE y que había médicos, incluso en nuestra sanidad publica, que conocían y desarrollaban esa empatía.

Doy fe de la entrega de esta doctora cuando me atendía tras una agotadora guardia, cuando me citaba para el día siguiente o dos días después si así se requería, sin pensar si el propicio día era un sábado o domingo cuando así lo precisaba el tratamiento, cuando me llamaba para interesarse, cuando lloraba conmigo el fracaso, cuando sonreía y me abrazaba con el éxito... Si, todo esto es ella, y lo excepcional es que es lo normal. De ello doy fe y lo afirmará todo aquel que la conoce.

Tristemente todo lo bueno se acaba, o poco dura la alegría en la casa del pobre. Y así el hecho cierto es que hoy me entero de que se quiere privar a todos los riojanos de un servicio de calidad, un servicio que desde la gratuidad de lo público yo he podido disfrutar y que nadie más podrá obtener.

Logroño sigue siendo una colección de barrios donde el boca a boca no ha perdido su condición de medio de difusión. Es por ello que nadie puede acallar la verdadera razón de esta controversia, los celos profesionales, personales y la avidez de dinero han despertado los deseos más viles del ser humano, la venganza, que ahora llaman mobbing si se circunscribe al ambiente laboral.

Viendo la obra de nuestra relación, y con la mirada más emocionada de mis hijos, no puedo decir otra cosa que: ¿Gracias Juana! Tengo dos vidas más, la de mi mujer y la mía, para desearte todo lo mejor. Y rogar que si la justicia existe, haga una fugaz visita por nuestra vilipendiada sanidad pública.



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