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Martes, 28 de marzo de 2006
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De barricas y de virutas
La doctora Juana Martínez sostiene que trozos de madera y barricas «no tienen nada que ver»
«Cuando hablamos de trozos de madera no se puede hablar de crianza del vino. Es otra cosa». Así de contundente se manifestó ayer Juana Martínez García, técnico del Servicio de Investigación y Desarrollo Tecnológico de La Rioja en relación con la polémica autorización de usar virutas de madera de roble en la elaboración de vino.
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HABLAN LOS ENÓLOGOS
Virutas: El presidente de la Federación Española de Enólogos y miembro de la OIV, Vicente Sánchez-Migallón, aseguró ayer en Madrid que en el sector del vino se denota un claro aperturismo al uso de nuevas tecnologías hasta ahora prohibidas en Europa, pero manteniendo las tradiciones existentes. Respecto al uso de virutas de roble consideró que hay una postura favorable a admitir esta práctica para todos los vinos, puesto que países competidores las usan desde hace años, si bien en el caso de las denominaciones se aboga porque decidan los consejos reguladores.

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La doctora Martínez García hizo estas declaraciones al presentar el libro editado por la Consejería de Agricultura la 'Incidencia del origen del roble en la crianza de los vinos de Rioja', que, además, fue su tesis doctoral. En su opinión, la utilización de fragmentos de madera en la elaboración de vinos básicamente persigue «una aromatización con los componentes que le cede la madera del roble, pero este proceso no aporta una evolución polifenólica del vino a lo largo del tiempo que sí se consigue en la barrica». Para Juana Martínez, «el uso de virutas no está bien planteado y para nada se puede asimilar con el término crianza, ya que su objetivo es diferente y, por lo tanto, el tipo de vino que se consigue también es muy diferente».

En este sentido, la doctora Martínez García sugiere que «se establezca una normativa legislativa para identificar cada producto en la etiqueta y que no se cree confusión».

En el libro que ayer presentó en compañía de Pedro Sáez Rojo, director del Instituto de Calidad Agroalimentaria, Juana Martínez refleja cómo «la madera de roble francés es más adecuada que la de americano para la crianza corta de los vinos, entre seis y doce meses».



Roble francés o americano

¿Por qué? Porque la madera del roble francés «aporta muchas características que modifican el perfil del vino desde el primer momento de su envejecimiento». El roble americano, por su parte, mejora la calidad sensorial de los vinos al aumentar el tiempo de crianza 18 y 24 meses.

La técnica del CIDA inició su tesis en 1998, con financiación del Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias, la Consejería de Agricultura y la empresa Tonelería Magreñán de Alfaro.

El proyecto pretendía analizar la evolución de un vino varietal de tempranillo, elaborado con uvas procedentes de los viñedos de la Finca de La Grajera. Se trataba de un vino dominado por «unas características adecuadas para la crianza, respecto a valores como grado, acidez y contenido polifenólico, entre otros parámetros». Su estudio recoge cómo la crianza se inició a finales de 1998, utilizando barricas nuevas de 225 litros, todas ellas de madera secada de forma natural y con tostado medio.



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